29/06/2009 | 16:01 | PV
NURBURGRING, 25 AÑOS ATRAS
La Fórmula 1 apunta al Nurburgring. Mientras Max Mosley insiste en inmolarse como el dinosaurio que es, pretendiendo la cuarta reelección como presidente de la FIA e ignorando, de paso, que los estatutos de la máxima entidad del automovilismo mundial prohíben más de tres períodos en sucesión, la categoría ya piensa en su próximo Grand Prix en un circuito que resulta ser una sombra de lo que fue. Y ya hace 25 años que la lágrima cae en homenaje al viejo y querido Nordschleife de 174 curvas...
Aquel 1984, un cuarto de siglo atrás, presidió la inauguración del nuevo, almibarado, aséptico Nurburgring. Más que una sombra: el negativo de aquel circuito en el que Juan Manuel Fangio o Carlos Reutemann dejaron su sello en forma de victoria. Tan pálido como desafío que ha sufrido más cambios en estos 25 años que los que el viejo trazado había experimentado en 50 temporadas.
Pero lo más rescatable de aquella inauguración teñida de resignación ante el inexorable paso del tiempo y el creciente reclamo de seguridad optimizada, fue la carrera que se organizó para darle marco a la reapertura del circuito.
La idea salió de la Mercedes-Benz. ¿Por qué no disponer de unos 20 autos iguales e invitar a los viejos campeones de la Fórmula 1 a hacer una demostración lindante con una carrera? La propuesta cuajó. Los autos serían los 190E con motor Cosworth de 2.3 litros y cuatro válvulas por cilindro. La fábrica invitó a los 14 campeones del mundo que todavía vivían, pero cinco declinaron el convite: Emerson Fittipaldi (1972-74) y Mario Andretti (1978), porque estaban tomando parte de las pruebas de clasificación de las 500 Millas de Indianápolis, siempre de un mes de duración; Jackie Stewart(1969-71-73), porque se mantuvo fiel a su promesa de volver a correr nunca más una carrera tras su retiro; Nelson Piquet (1981-83) por razones personales; y Juan Manuel Fangio porque, a los 71 años ya no se sentía en condiciones. Sin embargo, siendo un embajador deportivo de la casa alemana, el Chueco de Balcarce estuvo presente en la fiesta.
Así que nueve campeones aceptaron la oferta: Jack Brabham (1959-60-66), Phil Hill (1961), John Surtees (1964), Denis Hulme (1967), Niki Lauda (1975-77), James Hunt (1976), Jody Scheckter (1979), Alan Jones (1980) y Keke Rosberg (1982).
Pero como nueve campeones no necesariamente hacen una carrera, la Mercedes extendió la invitación a glorias de la F-1 que hubieran ganado Grands Prix, de ser posible en el Nurburgring mítico. Y así aceptaron sumarse Stirling Moss, Carlos Reutemann(los dos que cumplían ambas condiciones), John Watson Alain Prost, Jacques Laffite y Elio De Angelis.
Todos ellos ganadores en Fórmula 1.
Pero llamaba la atención la aparición de un último invitado que no reunía ninguna de esas credenciales. A los 24 años, no era campeón ni había había ganado aún en F-1: de hecho apenas si tenía tres Grands Prix en el lomo.
Todavía lo llamaban Ayrton Senna Da Silva.
El paulista había trabado relación con un funcionario de Mercedes llamado Gerd Kremer que, por esas circunstancias, estaba comprometido con la organización de la carrera. “Como había tantos campeones y ganadores, propuse que Ayrton reemplazara a Fittipaldi” cuenta Kremer en “La vida de Senna” de Tom Rubython.
Algunos campeones del mundo se lo tomaron muy poco en serio, especialmente Hunt y Jones. Pero para el brasileño era una oportunidad única de mostrarse. Le mandaron un ticket de avión para Frankfurt y le avisaron que allí lo recogería otro colega, cuyo avión llegaba 15 minutos antes, y que lo trasladaría hasta el Nurburgring.
“Fue así que conocí a Ayrton -cuenta Alain Prost, quien luego sería su némesis. Era él quien debía conducir al novato- Fuimos hablando camino al autódromo y fue muy placentero. Pasamos medio día juntos, fue muy divertido. El no conocía casi nadie”.
En ese momento, Prost era el líder del Mundial de F-1, con 14 puntos de ventaja. Así que no sorprendió que marcara la pole-position con el Mercedes 190E. Sí, en cambió, llamó la atención que el casi desconocido Senna marcara el segundo tiempo. “Allí cambió su carácter” recuerda Prost. Muchos pilotos, que volvían a subirse a un auto de carrera por primera vez en años, o en décadas, se tomaron el acontecimiento con lo lógica del caso. Muy relajados. Algunos, como Watson, se quejaron del sistema ABS del coche, que les impedía conducir a gusto. La pista estaba mojada. El clima perfecto para Senna.
A 15 vuelas al nuevo circuito, Hunt y Jones se dedicaron a pasarla bien: el australiano, incluso,cortaba camino en las curvas. Y tanto lo cortó, que con el barro y la lluvia, su 190E fue el único que no vio la bandera a cuadros. Pero otros se lo tomaron muy en serio. Cuenta Surtees en la obra citada: “Carlos Reutemann tenía preparados tres juegos de neumáticos para clasificarse y Ayrton usaba toda la pista”. Prost también se lo tomó en serio: le ganó la punta al brasileño en el pique. Pero a Senna le tomó media vuelta hacerse de la vanguardia... sacando al francés de pista. Cuando este quiso reingresar, con el piso húmedo, se tocó con De Angelis. Fue el primero de los disgustos que Prost tuvo con Senna en la década siguiente.
“Para ninguno de nosotros era una carrera con proyección. Más que nada, era como estar en familia. Pero para Ayrton era como una misión.No solamente ganar sino también probar que era una piloto superlativo” cuenta John Watson. Lo logró.
Para Surtees, “lo más interesante de aquel fin de semana fue ver en acción a Senna y pensar 'ojo, hay algo especial acá'. Quedé tan impresionado que le dije a (Enzo) Ferrari tiempo más tarde que era el piloto que debía contratar”.
“Ganó la carrera -recuerda Brabham- y la ganó confortablemente bajo la lluvia. En ese momento, pensé, 'este pibe va a llegar'. Y llegó”.
Según Stirling Moss, “desde momento, comenzó a crecer hasta que llegó a un nivel que solo fue igualado, en mi opinión, por Fangio”.
“Estaba en un nivel diferente -refiere Watson- Todo el mundo era muy cuidadoso con los coches, que eran de Mercedes, pero él tiraba los coches contra los pianos y lo hacía saltar una y otra vuelta. Todo el mundo había ido a correr básicamente por la cerveza. Excepto Ayrton, claro”.
¿El orden de llegada?. Senna, Lauda, Reutemann, al podio. Luego Rosberg, Watson, Hulme, Scheckter, Brabham, Klaus Ludwig (piloto de Mercedes Benz en el DTM), Hunt, Surtees, Hill, Manfred Schurti (otro invitado del DTM), Moss, Prost, Wolfgang Schutz (otro DTM), Laffite, Hans Herrmann (el ex coequiper de Fangio en el equipo Mercedes de 1955), y De Angelis. Solo abandonó Jones.
Aquella carrera tuvo lugar el 12 de mayo de 1984. Algo menos de diez años después, el 1º de mayo de 1994, Senna intentaba doblar en Tamburello...