Acerca de victorias, derrotas... y empates

Acerca de victorias, derrotas... y empates

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“Mucho fútbol este fin de semana, muchos clásicos que terminaron en nada; por eso a mí lo que realmente me apasiona es el automovilismo”, dispara Jorge al volante de su taxi mientras encara la General Paz con rumbo hacia el conurbano bonaerense.

Transcurre el último minuto del domingo 13 de septiembre, se acaba un fin de semana que tuvo fecha de clásicos para el balompié y que dejó otro capítulo de un clásico del automovilismo: las órdenes de equipo.

Casi doce horas atrás Agustín Canapino le había cedido su victoria a Martín Ponte en Resistencia, en la primera cita de la Etapa Final del campeonato 2015. Y fue como siempre, con cara de pocos amigos, con gestos más acordes a un homenaje obligado que a un festejo y un podio hecho a la medida del más apesadumbrado de los seres humanos.

Sin embargo, Jorge vio otra película, y sin que nadie intermedie comienza a explicarle a sus pasajeros lo que había pasado al mediodía, mientras ellos vaya uno a saber dónde estaban: “el automovilismo es de los equipos, y eso fue siempre así. Está bien que un compañero de equipo dejé pasar a otro, cómo no se van a ayudar entre compañeros de equipo ¡Es así!”.

No es el momento de descubrir que los pasajeros que lleva en el asiento trasero volvemos de ese lugar donde se cometió la “chanchada”, según el propio Alejandro Urtubey; y así, sin siquiera sospechar que lo estaba haciendo, Jorge redobló la apuesta y refutó las declaraciones del presi del TRV6: “En las carreras no hay problema porque uno deje ganar a otro, el equipo es el que tiene que ganar siempre y los pilotos tienen que hacer lo que le piden. Para los fierreros no es algo que nos sorprenda, es algo común que pase eso”, dispara con naturalidad y demuestra que es cierto aquello que los fierros lo mueven más que una pelota.

Cuando Reutemann no le hizo caso a Williams así le fue. Todos nos enojamos con Piquet porque le ganó el campeonato del 81, pero la bronca debiera haber sido con el viejo ese en sillas de ruedas que nos robó el campeonato aun perdiéndolo él mismo. Y ahí está, las cosas son así, todos lo sabemos y lo aceptamos”. 

“En Argentina es igual, y lo demostró en los 90 el Flaco Traverso, mi último gran ídolo. Después de ser campeón de TC2000 con Alberto Canapino, Cachi Sacarazzini y el Peugeot 405 los agarró a todos y se los llevó al TC. Fue campeón cómodo, imagínate que Patita Minervino todavía se hacía el auto él mismo. Es así, las carreras de autos las ganan los equipos”.

La historia tiene que terminar abruptamente, llegamos a destino. Se acaba un domingo lleno de discusiones y polémicas, de enojos, de acusaciones y determinaciones. Pagamos el viaje y saludamos a Jorge, quien con un guiño en el ojo nos invita a ir a ver cualquier carrera al Gálvez: “la que sea, anda y después me contás si esto no es mejor que el fútbol”, dice mientras pone la primera y enfila para Villa Madero.

Mientras lo veo irse, y antes de entrar a casa pienso que muchas veces pretendemos leer el gusto ajeno; usamos los números como fundamentos de las explicaciones que damos y determinamos qué está bien o mal. Las polémicas aún se libran del alambrado para adentro, pero la ventana por la que nos miran sigue estando afuera.

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