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Presente y futuro. “Pechito” López y Marcos Siebert –ganador en la Fórmula 4 italiana el domingo- se conocieron en un encuentro casual, ayer, en el aeropuerto de Ezeiza. No todo está perdido...

 “¿En serio está llegando Pechito? Uy, quiero una foto con él… Esperémoslo, Papá!”. A las 8.30 horas de la mañana del miércoles, esa expresión sonaba como la de un chico fanático del cordobés, en la zona de arribos del Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Sin embargo, el que la pronunciaba era un colega. Joven… Muy joven, pero seguramente con los mismos sueños que alguna vez tuvo el hoy campeón del WTCC. Marcos Siebert tiene 19 años y recién acababa de llegar a la Argentina, junto a su mamá, después de ganar en Mugello su primera carrera en la Fórmula 4 italiana. Desde febrero no veía a su papá Fabián que había madrugado para viajar de Mar del Plata a buscar a su hijo en su regreso al país. Después de un abrazo prolongado, papá Siebert le contó a Marcos que en un vuelo de Air France había aterrizado “Pechito” López.

A los pocos minutos, las puertas corredizas se abrieron y asomó solitario el campeón del mundo. La presentación fue casi inmediata. López cambió su cara de cansancio por una noble sonrisa al notar en los ojos de “Marquitos” la emoción de quien conoce a su ídolo. “Un gusto, che! Felicitaciones por la victoria”, lo sorprendió “Pechito” demostrando estar informado de su incipiente trayectoria. “No aflojes… metele con todo”, lo arengó enseguida al flamante ganador que apenas si levantaba la mirada. “¿Dónde estás viviendo?”, le preguntó el piloto Citroën. “En Lyss, Suiza”, respondió tímido Siebert. “¿¡En serio?¡ Yo vivo en Lausanne… A unos 70 kms de donde estás vos. Pasame tu teléfono  así nos vemos allá y salimos a andar en bicicleta juntos”, le dijo animado López con la humildad de los grandes. El pibe no podía creer lo que estaba sucediendo. Su referente estaba anotando su número de contacto.

Carburando.com fue testigo de ese encuentro casual entre dos representantes argentinos en el exterior. Un consagrado y una promesa. En tiempos donde parecía haberse cortado la cadena de pilotos con proyección internacional luego de la última frustración vivida con Facu Regalia. Es cierto, ya no se ve la cantidad de pilotos con esfuerzos personales intentando destinos de F1 como en otros tiempos. Pero cuando ya no quedaba nadie, apareció uno: Marcos Siebert. También es real que recién empieza y el respaldo económico es muy poco. Al menos hay una luz al final del camino.

Mientras tanto, los jóvenes pilotos que surgen en estos tiempos en el país con ambiciones de proyectarse en el automovilismo cuentan con la fortuna de ser contemporáneos de un piloto argentino campeón del mundo como “Pechito” López, quien además de abrir puertas puede servir de espejo para aprender de su profesionalismo, conducta y perseverancia. Y eso no es poca cosa. Está claro que el talento y temperamento no se ensañan, ni se aprenden. Pero sí, las formas de manejarse en un mundo tan complejo como el de las competencias de autos.

López bajó del avión, ayer, después de 13 horas de vuelo. Después del breve encuentro con Siebert y con todo el cansancio del viaje a cuestas, arrancó a las 8.30 horas con una entrevista para este medio y cumplió con cada uno de sus compromisos con la prensa durante todo el día, sin parar, hasta la 1.30hs de este jueves. Siempre con buena predisposición. Enriquecedor para el público que en definitiva es quien accede a los entretelones de la elite del automovilismo mundial. Y un ejemplo, para los chicos como Marcos Siebert que arrancan hoy con la ilusión de llegar lejos.

Ya no se discute la importancia de los logros de López. Argentina tiene un campeón del mundo, que muestra el camino a seguir…

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