ES DIFICIL CORRERLE AL SISTEMA

ES DIFICIL CORRERLE AL SISTEMA

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Matías Rossi es uno de los mejores pilotos del país y para muchos es el mejor. Sin embargo, una vez más, se le escurrió de las manos un campeonato de Turismo Carretera.

Con un sistema normal de campeonato, Rossi seguramente habría acuñado unos cuantos títulos teceístas más. Este fin de semana en La Plata otra vez el destino le jugó una mala pasada. Un desafortunado error de su contrincante lo dejó en las puertas de un festejo. Encima, para ponerle más dramatismo, los tiempos, como si 'el diablo metiera la cola', se tildaron y desataron la confusión final.

No es la primera vez que “El Granadero” pierde en el final un título de TC siendo un claro dominador durante todo el año.

Cambios de reglamento, gomas no autorizadas, autos llamativamente muy superiores  con posterior anomalías reglamentarias, técnicas cuestionadas y reemplazadas, autazos, sanciones discutidas. Todo esto le ha jugado en contra a un Rossi que no se calla nada, que dice lo que piensa y que tiene una filosofía de vida que no sólo se limita a un auto de carreras.

Un Rossi que corre para Rossi, que no simpatiza con ninguna marca y lo expresa. Como la mayoría de los pilotos corre para los sponsors, para los que hacen posible que pueda vivir del automovilismo, y Matías lo dice. Otros se lo callan.

Evidentemente debe cambiar su estilo, su manera de correr o tal vez de manejarse abajo del auto para tener éxito dentro de la categoría más popular del automovilismo argentino.

Hay pilotos que le tiene la mano al sistema y el fiel reflejo es Guillermo Ortelli, brillante a la hora de definir. Siete coronas en el TC avalan su prestigio y sólo dos en otra categoría. Evidentemente 'Guille', como lo hacía Traverso, le tiene el 'timing' a un sistema que sufre muchas alteraciones a lo largo de un campeonato.

Hay que cuidarse en declaraciones, no se puede decir algo que perjudique a la institución, no es conveniente protestar, y muchas veces es mejor agachar la cabeza y mirar para otro lado, total en algún momento todo vuelve.

La frontalidad de Rossi le juega en contra. También con sus rivales. Más de uno” off de record” lo admira y lo ponen como referente, pero después lo quieren pasar por arriba.

Que quede claro algo en el TC, la lucha de marcas la pone sobre el tapete el clamoroso público, por ese folclore que arrastramos de la gloriosa época de los semipermanentes, del 'avión transmisor', el humo de los asados y el paso de un auto cada 10 segundos. En la pista no existe el juego de equipo y cada uno corre para sí mismo. Todos tienen derecho a ganar por más que no peleen el campeonato.

José Manuel Urcera corrió para ganar y por más que sienta admiración por la marca y por Ortelli no le regaló ni un centímetro. Juan Martín Trucco peleó y consiguió un podio que fue como un triunfo ya que corre con mucho esfuerzo. Lo mismo pasó con 'Nacho' Savino. Jugó prácticamente de local en La Plata y aprovechó el juego de gomas nuevas que se guardó para dar batalla y buscar un  buen resultado.

¿Por qué tendría que chocar a Rossi? ¿O dejar pasar a Werner? ¿Sólo para que la hinchada lo valore o serán los populosos hinchas los que le alcancen el casi medio millón de pesos que hoy se desembolsa para correr?

Lo concreto es que se han dicho muchas cosas en esta definición alocada del TC, en un año que terminó como transcurrió: con duras infracciones reglamentarias con un cambio radical de la técnica que la descubrió y con un desbande de público que pone en riesgo su integridad y la de los pilotos.

Que quede clara una cosa: Ni Mariano Werner fue un 'criminal', ni Matías Rossi perdió la 'final del mundo'...

Son carreras y puede pasar.

En definitiva el TC, como alguna vez me dijo un exitoso preparador, es "El Colegio Militar", el que ingresa sabe que tiene que respetar sus reglas y su sistema. Si no, es mejor retirarse.

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