Hay que escuchar más a la gente

El automovilismo volvió a distanciarse de su público con decisiones de la dirigencia que una vez más desoye a los amantes de las carreras, con un sistema de sorteo de grilla que poco tiene que ver con las cuestiones deportivas y con una competencia que tuvo dos ganadores diferentes. Un fin de semana más, que logró volver a disgustar a un público que parece no ser escuchado.

¿Dónde quedó aquel automovilismo donde la carrera se largaba en el orden en el que se había clasificado el día anterior y que como única variante aceptada siempre fueron las tres series? Un sistema utilizado en cada una de las carreras del calendario, en campeonatos que eran ganados por el piloto que más puntos sumaba. Y listo. Esa era la única fórmula del éxito.

Cuesta entender por qué quienes toman las decisiones no terminan de comprender que los hinchas no aceptan los formatos modernos. Si casi ninguna de las “brillantes” ideas en busca del espectáculo fueron revolucionarias, ni adoptadas por el público, ¿por qué insisten?

 El TC volvió a sortear la grilla de largada, en un fin de semana con poca actividad en pista en el mejor circuito del país, como es el de Termas de Río Hondo. En ninguno de los antecedentes anteriores, ni los pilotos ni el público, avalaron semejante ocurrencia. Quizás pretendan un circo romano en el asfalto, algo que por momentos pareciera un objetivo logrado. ¿Pero con qué sentido?

El gusto del público es claro y poco pretencioso. Se sabe que existen circuitos donde dar buen espectáculo es una quimera. Sin embargo, los incorporan a los calendarios. Y a los míticos se los mutila, con chicanas lentas que le quitan la magia. A los ingenieros les dan libertades para que los autos se acerquen a la perfección. ¿Resultado? Se superan cada vez menos y en lugar de quitarles cargas aerodinámicas, achicar las gomas, o propiciar la succión; se invierten las grillas o se aplican penalizaciones por puestos, o se castiga con lastre. Incluso, los equipos se niegan a incorporar las gomas blandas por cuestiones presupuestarias, a la vez que cada vez son más necesarios incorporar a las estructuras ingenieros de altos sueldos.

El protagonismo de los comisarios deportivos ha crecido en los últimos tiempos con castigos y reglamentos que alteran los cursos de las competencias. Se sancionan toques imperceptibles. Incluso es difícil cantar victoria, porque a las dos horas se cambian los ganadores. Hasta se le quita la emoción a los finales, con una bandera a cuadros que cae sobre un auto de seguridad.

Formatos de carreras que cambian todos los fines de semana. Dos carreras, una de larga duración, con series, con carreras clasificatorias, con sprint, con carga de combustible, con cambio de gomas, con diferentes compuestos, con penalizaciones por puestos, con grillas invertidas, con sorteo de grillas, con vuelta joker…  Competencias difíciles de entender para los televidentes y mucho más para los presentes en los circuitos. Campeonatos con play off, lineales y hasta se ha llegado a experimentar certámenes divididos por etapas con definición a una sola carrera. Experimentos que lograron instalarse y otros que han desaparecido con el tiempo. 

Las categorías buscan sus sellos distintivos, para diferenciarse una de la otra, con el mismo fin de mejorar y darle variedad a los espectáculos. En el medio quedan los espectadores, que solo pretenden ver buenas carreras. Algo, que al cabo si insisten, se terminarán convenciendo que es de otros tiempos.