Los dos mejores momentos, para el aplauso y la emoción

No tuvieron títulos rutilantes en los medios gráficos. Tampoco se llevaron los mayores espacios audiovisuales. Sin embargo, si hay que elegir los mejores momentos de un fin de semana inolvidable para el Súper TC2000 con los 200 Kilómetros de Buenos Aires, lejos están de las grandes maniobras o los llamativos sobrepasos.

Tampoco la mirada está puesta en la extraordinaria convocatoria del público, ni en las minúsuculas polémicas sobre distancias de carrera o causas de abandonos (que el domingo apenas dos motores sufrieron inconvenientes y el resto fue por problemas mecánicos en los vehículos).

Simplemente dos reacciones que merecen ser destacadas. No sólo porque no suelen ser habituales, sino también por la hidalguía de quienes protagonizaron hechos que trascienden las fronteras del automovilismo, del deporte, y son valoradas en términos generales.

Ambas sucedieron el sábado. La primera, durante la carrera inicial de la Fórmula Pirelli 2.0 powered by Renault. Allí, en una maniobra desafortunada, Nicolás Moscardini golpeó, sin intención, al monoplaza de Exequiel Bastidas, que producto de ese roce, protagonizó un vuelco (fantásticamente fotografiado por Pucho Gómez, como se ve en la foto de esta nota). El auto quedó con las ruedas hacia arriba y el joven piloto atorado, esforzándose por salir del cockpit pero sin éxito.

 


Allí fue que apareció Moscardini, que de inmediato se detuvo, con el auto averiado, y corrió para ayudar a su rival por el campeonato. Como Bastidas no podía salir y tampoco llegaba a apagar la corriente, Moscardini realizó esas maniobras para que finalmente Bastidas saliera del vehículo. Siempre los pilotos temen por el fuego y por eso la desesperación del piloto accidentado. Un gesto de fair play fantástico protagonizado por chicos de la Fórmula.

El otro hecho destacable también pasó en la recta principal. No fue en una carrera. Fue el espacio en el que los show cars salen para que los pilotos realizaran las acciones promocionales, llevando clientes de empresas o ganadores de sorteos. Entre esos autos también giró el Chevrolet Camaro, que habitualmente se desempeña como auto insignia durante las competencias de Súper TC2000.

Al volante, Franco Vivian, que se divertía con algunos trompos en la recta principal. Allí, me quedé apoyado en el pit wall para grabar con el celular algún trompo. Pero la sorpresa llegó tras esa pirueta, quemando caucho, e inmediatamente frenando frente a la tribuna principal.

Allí se bajó Vivian, corrió hasta la puerta del acompañante, la abrió y se bajó Santi, un chiquito de apenas 9 años que lucía un barbijo y que sufre una dura enfermedad. En un gran gesto, Franco lo tomó de la mano y lo mostró a la tribuna, donde allí Santi recibió una emotiva ovación. Raudamente se subieron al Camaro y continuaron a fondo por el circuito N° 8.

Santino suele pasar varios días internado, bajo un severo tratamiento, y salió para ir al autódromo, donde vivió momentos únicos. Fanático de Matías Rossi (sus padres cuentan que duerme todas las noches con una foto del piloto de Toyota), fue recibido por su ídolo, que lo invitó a conocer el box rojo y también estuvo junto al Corolla, luciendo orgullosamente la gorrita del piloto.

Desde entonces, Sati cambió su ánimo, su humor, y pese a estar con la foto de Rossi, sus padres dicen que le cuesta dormir, aunque excitado por la emoción única vivida en el Gálvez.

Las maniobras, los abandonos, los kilómetros, la cantidad de público y tantas otras cosas más, quedará para otro análisis. Prefiero quedarme con estos momentos únicos…