Pablo Satriano, el hombre que dejó su sello

Pablo Satriano dejó la vida terrenal pero seguirá en lo más profundo de los recuerdos. Lo recordaremos por sus logros pero mucho más por su hombría de bien

La muerte de Pablo Satriano dejó al mundo del automovilismo, y en particular al de Turismo Carretera, muy triste. Su deceso cayó como balde agua helada. No solo se fue un grande de nuestro ambiente sino que también se nos fue un gran ser humano. Quien escribe comenzó a tratar con el preparador de Chivilcoy allá por el año 1995. Su personalidad generaba mucho respeto y era siempre un gusto poder entrevistarlo.Trabajando en los motores cuando tenía que hacerlo y a un costado del box cuando estaba en descanso siempre te atendía. Era observador y estaba en cada detalle. Le gustaba mirar la actividad en pista con una de sus piernas apoyada en una pila de neumáticos. Entre sus herramientas no podía faltar el cronómetro que colgaba en su cuello. Nada mejor que ese reloj para medir lo que había.

Pablo Satriano fue más que un preparador. Fue un hombre de bien y eso nos es poca cosa. Fue un luchador, un apasionado por su trabajo y un consejero. Dejó un sello en su paso por el TC. Sus manos se gastaron haciendo motores. En su taller, donde había que llamarlo por teléfono para hacerle una nota, pasó más tiempo que en cualquier otra parte. Su vida estaba ahí.

Junto a Emilio, su hermano, se cansaron de alegrar a la gente de Chevrolet. La satisfacción más grande fue el campeonato que lograron en 1990. Ese título en la categoría más popular de la Argentina los introdujo en lo más profundo del corazón de los simpatizantes del moño. Los Satriano se convirtieron en una marca.

Pablo era de perfil muy bajo, de carácter firme y defensor de sus ideas. Si bien nunca fue polémico decía lo que pensaba. Con su voz tranquila y de tono bajo no esquivaba el micrófono de ningún periodista. Sus notas siempre dejaban algo y por sobre todas las cosas respeto. A los 76 se fue un grande la historia del Turismo Carretera. Lamentablemente la triste noticia llegó justo un domingo por la mañana, día en que Pablo Satriano se cansó de dar alegrías.