¿SE IMAGINAN A MOURAS Y CASTELLANO ANUNCIÁNDOSE QUE NO SE ATACARÍAN?

¿SE IMAGINAN A MOURAS Y CASTELLANO ANUNCIÁNDOSE QUE NO SE ATACARÍAN?

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¿Se imaginan a Roberto Mouras pidiéndole a su equipo que le avise a Oscar Castellano que relance tranquilo? Imposible. Es incomprensible. El pedido que realizó Mariano Werner (Ford) a su team para que avisara al de su rival, Agustín Canapino (Chevrolet), en la última reanudación del Turismo Carretera en Neuquén es inadmisible para el público.

Los argumentos del piloto de Paraná son claros: avanzar en la primera curva para que su puesto no se vea amenazado por un factible embate de Facundo Ardusso. Y en un circuito que se pierde más de lo que se gana, con una huella marcada y la suciedad que no permite arriesgar trayectorias alternativas. Al margen de un sistema de puntos que no premia al vencedor (Canapino obtuvo 45 puntos, Werner 42 y Ardusso 41). Pero ese mensaje fue doloroso para el teleespectador que observaba la final por TV y escuchaba la solicitud de Werner a través de un mensaje que se filtró por la radio.

El prestigio se gana de a centavos y se pierde de a millones. En una actividad que se plantea una crisis de identidad, ése pedido radial afecta a la imagen. Quita credibilidad. Cualquier actividad deportiva  debe potenciar un desenlace  imprevisto. Una maniobra decisiva a metros de la bandera a cuadros, un gol sobre la hora, un lanzamiento al aro cuando suena la chicharra, el golpe de knock out en el campanazo final… Si alguien anuncia a su rival que ello no pasará, se pierde el gran patrimonio. En este caso, ese mensaje privado, pero público a la vez porque todo piloto sabe que su conexión radial es televisada, el TC lo sufrió. El público lo hace saber…

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