¿Y LOS ARGUMENTOS EN EL CASO WERNER?

¿Y LOS ARGUMENTOS EN EL CASO WERNER?

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El piloto entrerriano recibió una dura sanción y tras la apelación, le redujeron la pena. ¿Con qué parámetros se actuó en ambos casos?

A este 2016 le quedan horas para su despedida y sin embargo continúan los coletazos de una temporada por demás agitada para el Turismo Carretera. De a poco el desarrollo de la actividad se ensombreció por situaciones que estuvieron lejos de lo ideal y salpicaron a la imagen de la disciplina.

Es inevitable recordar el caso Gurí Martínez. Por el inmenso valor que posee el protagonista del episodio (no sólo por ser hasta entonces el máximo referente de Ford sino además por ser el campeón vigente en el momento del escándalo) y por la gravedad del hecho (un motor fuera de reglamento con detalles que no lo marginan de pequeños errores de cálculos).

A partir de allí, las consecuencias instaladas. Las sospechas con retroactividad, la mirada sobre los responsables de los controles (de hecho la cabeza del cuerpo técnico de la ACTC, el ingeniero Alejandro Solga, fue desvinculado bajo el más absoluto silencio y con el hermetismo que para estos casos no entrega la claridad necesaria hacia afuera) y otras situaciones que continuaron con las sospechas, como las mismas “denuncias” públicas realizadas por los propios pilotos (vale el caso de Matías Rossi y la extraña situación de los neumáticos que apuntaba en contra de Mariano Werner).

La última fecha del año, en el autódromo de La Plata, se vio envuelta del escándalo. Al margen de la gravedad de la falta de control hacia el público que estaba mal ubicado antes, durante y después de la competencia, el caso Werner eclipsó toda anomalía. El golpe en los últimos metros de la carrera en detrimento de Matías Rossi (a quien lo despojó del título) y la consecuente coronación de Guillermo Ortelli quedará en la historia.

Para los comisarios deportivos de esa carrera, la pena fue leve, con apenas un apercibimiento para el entrerriano. Días después, el piloto de Paraná recibió la dura sanción de un año de suspensión y 750.000 pesos de multa. Impactante sanción. ¿Cuál fue el argumento para semejante castigo? Desde la Comisión Asesora y Fiscalizadora del Deporte Motor (CAF) no hubo explicación alguna. El contraste con lo observado por los comisarios deportivos no tuvo argumento.

Si se hace un pequeño juego, quizá se explique la sanción por aquello de “ubicar al victimario detrás de la víctima”, como suele hacerse con los toques en la pista. En este caso puede que se haya estipulado que ése golpe arruinó e trabajo de todo un año de Rossi y es por ello que cae esa penalización sobre Werner.

¿Es comparable con las cuatro fechas de suspensión y los 200.000 pesos de multa que recibió Martínez por una anomalía a conciencia frente a un golpe que nadie puede asegurar que haya sido adrede? El sentido común indica lo contrario.

Pero en las últimas horas hubo novedades en la ACTC. De hecho, aquello que el ambiente ya sabía, finalmente se oficializó: Werner apeló y el Tribunal de Apelaciones de la ACTC modificó la sanción, que cayó a la suspensión de seis carreras, más la obligación de largar desde el último lugar de la grilla de la serie en las cuatro competencias siguientes. Y asimismo, la reducción de 750.000 a 500.000 pesos en la pena económica.

¿Cuál fue el argumento para la reducción de la sanción? ¿Qué elementos sólidos esgrimió Werner para ser beneficiado por la quita de pena? No hay respuestas. Ni para lo primero, ni para lo siguiente. Todo fallo, en cualquier fuero o ámbito, puede ser materia de discusión, bajo la crítica de las distintas miradas u opiniones. Pero cuando se imparte justicia al menos se brinda un veredicto acompañado por los pilares fundamentales de su veracidad: el razonamiento y las pruebas que derivan en esa determinación.

Fiel a su estilo, aquí las determinaciones carecen de argumentos. Quizá sea sólo un déficit en la comunicación. Pero nos inclinamos a un viejo estilo de no dar explicaciones. Así, el Turismo Carretera acumula “misterios”. Que en otras épocas quizá alimentaban aquel mal llamado folclore, y que ahora no hacen más que auto flagelarse. Aunque no todos lo vean así.

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