Corren los pilotos

El Súper TC 2000 aportó al automovilismo argentino la mejor fecha del año. Desde el ángulo que se lo mida, el acontecimiento desbordó los límites deportivos y como es ya un clásico, se ha convertido en un fenómeno. Bienvenida la emoción. Ese fue el título que le puso Cachi Scarazzini director del equipo Fiat a la fiesta de la categoría en las calles de Santa Fe. Resumió de lo que significó para la categorìa y para el automovilismo nacional la doble fuesta en el callejero.

Peugeot dió la nota. El casi escandaloso final de la carrera nocturna se llevó más comentarios que la victoria del Fiat de Facundo Ardusso. La polémica no quedó cerrada con el resultado del domingo, la rivalidad entre Agustín Canapino y Néstor Girolami le pone pimienta al campeonato para llegar a una definición que puede ser inédita.

Cualquier chispa iba a provocar un incendio. Y la chispa fue una orden polémica, a destiempo y desobedecida en plena carrera. El desobediente fue Néstor Girolami. Será difícil ponerse de acuerdo sobre las órdenes de equipo y su influencia en las carreras, pero quedó claro que no es posible apagar un incendio con nafta. Mucho menos cuando la enemistad y distancia de los dos pilotos del equipo es un 'combo' comprado por el equipo. No se trata de una bomba que estalló sin avisar. 

Las órdenes de equipo existen desde que existe el automovilismo. Está claro que son parte de las carreras. Con el advenimiento del profesionalismo, la tecnología y también el marketing, el rol de quienes dirigen a los pilotos ha crecido de manera tal que en muchos casos desde los boxes se plantean las carreras y se dirigen a los pilotos. Nadie puede decir que ello no ocurre. Tampoco nadie discute que las órdenes son parte de la carrera. Todos recibimos órdenes en nuestra vida profesional, tambien los periodistas.

Pero debiera quedar claro que si bien se aceptan las órdenes de equipo como parte de las carreras, estas órdenes no pueden ser las carreras mismas. Es decir, pueden orientar, ordenar, sugerir, pedir. Pero en ningún caso hacer la carrera. Correrla desde boxes no está bien. Los pilotos son los que corren, deciden, definen y manejan. ¿Son empleados?, sí. ¿deben acatar órdenes? sí. ¿Les deben manejar la carrera?, absolutamente no.

Por ejemplo, se puede aceptar que en la largada se acomoden dos autos del mismo equipo uno detrás del otro, aunque arruine el espectáculo. Minutos antes de largar se supo que la orden era Canapino adelante, Girolami atrás en la largada. El campeón 2014 contó en el podio del sábado que cuando quedó primero, desde el equipo le pidieron que levante y dejara la posición a Canapino. La primera vez en al año que un piloto Peugeot quedó al frente del campeonato fue cuando Girolami iba primero. En ese momento le pidieron que ceda su posición en favor de su compañero. Ese manejo de la carrera desde boxes pareciera un exceso. Los equipos y los directores no corren. Corren los pilotos.

El público va a las carreras a ver correr a los pilotos y a los autos. Y cuando mira televisión, el público quiere ver correr a los pilotos y a los autos, no le gusta escuchar por la radio que digiten las posiciones. Algo de eso pasó el sábado. Se apaciguó el domingo. Pero reavivó el tema de la función de los equipos y sus órdenes y la libertad y capacidad de acción de los pilotos.

Peugeot quedó en exposición porque sus pilotos pelearon las carreras, pero el tema no es exclusivo de un equipo o una marca. Se hace extensivo a casi todos. Es entendible desde la mirada interna del ambiente, del profesionalismo de los pilotos y técnicos. Pero a veces es difícil de digerir cuando queda tan expuesta la situación.

Una poco de libertad, repentización, improvisación, talento, destreza, agallas, y rebeldía no vendría mal para revitalizar nuestro automovilismo. La interna de Peugeot ha reavivado el fuego de una polémica que existe desde que existen las carreras.