El día del llanto de Schumacher por el récord de Senna

Fue en la conferencia después de su victoria en el GP de Italia de Monza en 2000. El alemán rompió en llanto y su emoción contagió a todos...

RECUERDO.- Aquel fin de semana fue muy diferente de los demás. El jueves a la tardecita en el autódromo de Monza, Ferrari realizó su cena anual para la prensa y en celebración de un nuevo año deportivo, que en esa oportunidad se encaminaba para cosas importantes. En aquellos tiempos, el encuentro que fue el 7 de setiembre tuvo muchas presencias fuertes ya que el anfitrión fue Luca Di Montezemolo, acompañado por Jean Todt, Michael Schumacher, y Rubens Barrrichello, entre otros. Ferrari se encontraba  muy cerca de volver a ganar un campeonato y era un momento único para su piloto estrella. Es que Michael Schumacher, por entonces bicampeón mundial de F1 (1994 y 1995) se sentía cerca de llegar a la gloria con Ferrari, y si ganaba ese domingo en Monza iba a llegar a una marca récord de victorias que ostentaba Ayrton Senna. El encuentro fue muy emotivo, y quizá fue un presagio de lo que se iba a vivir horas después.

El domingo soleado le dio una nueva victoria a Schumacher, pero esta sí que era especial porque en Monza es inolvidable ganar con Ferrari. Era su sexto triunfo de la temporada, que le permitía situarse a tan solo dos puntos del entonces líder y vigente campeón Mika Hakkinen. Pero, por encima de cualquier registro de ese fin de semana, sobresalía el dato de que el alemán acababa de igualar a Ayrton Senna con la victoria número 41 de su carrera en la F1. Un dato que hizo revivir a Schumacher intensas emociones en sala de prensa.

Tras el Gran Premio de Italia, en Monza, terminando la transmisión de PSN y Carburando Internacional nos preparábamos para escuchar la conferencia de prensa final, que salía al aire con audio original y lo traducía en simultáneo el comentarista, el ex piloto Jorge Omar Del Río. Schumacher estaba lanzado a su primera corona con Ferrari tras un vacío de 19 años, e igualaba a Ayrton Senna con 41 triunfos. Se lo veía tenso, casi angustiado pero contradictoriamente feliz por la victoria.

El alemán no pudo contener la emoción cuando fue preguntado por este récord en medio de la rueda de prensa y su hermano Ralf (3ro con Williams) tuvo que consolarlo, junto a Mika Hakkinen (2do con McLaren), su gran rival en 1998 y 1999. Ralf hizo ese domingo una de sus mejores carreras...

"No tengo palabras para expresar mis sentimientos, excepto que estoy feliz y agotado. Llegar a 41 victorias significa mucho para mí, pero hay ocasiones en las que no puedo responder a todas sus preguntas. Ha sido una victoria muy emotiva, incluso más que en 1998" dijo Schumavher y rompió en llanto que intentó disimular.

"Aquí estamos en Italia y después de algunas carreras difíciles estamos de vuelta en el camino correcto, como hemos demostrado durante todo el fin de semana. Todavía no estoy al frente en el campeonato, pero esta victoria es un gran alivio. Hay 500 personas trabajando con nosotros y todas son parte de esta victoria" agregó Michael con su cara todavía húmeda por las lágrimas por su recuerdo a Senna.

En la cabina de Monza quedamos sin palabras. Pocas veces se ha visto a Schumacher quebrarse como en aquel instante. Su recuerdo y su ofrenda en el récord de las 41 carreras quedó en la historia. Y como los récords son para seguir batiéndolos, Lewis Hamilton el domingo igualó al del alemán con 91 victorias.

Cuando Lewis Hamilton igualaba su propio registro de 91 victorias en Fórmula 1 fue su hijo Mick Schumacher el encargado de regalarle un casco de su padre en Nurburgring.

Fueron tres pilotos los que vivieron aquel minuto jistórico: Michael Schumacher, Mika Hakkinen y Ralf Schumacher. Michael se liberó y no pudo contener la emoción al ser preguntado por las sensaciones al igualar el registro del brasileño, que había perdido la vida seis años atrás en una carrera que conquistó el propio Schumacher.

“Tras todos los reveses sufridos, ganar en Italia ante los seguidores de Ferrari y conseguir la victoria 41, como Senna, es demasiado para mí…”. Fueron sus últimas palabras antes de pedir disculpas, bajar la cabeza y romper a llorar ante la atónita mirada de sus compañeros de podio.

Mika Hakkinen, Monza 2000