El triunfo de un Torino con alma en el Turismo Carretera

El recuerdo de aquel Torino construido por el Loco Luis y que Patricio le rindió el mejor homenaje con su victoria. Mirá la historia.

Es la historia de un auto con alma. Es la historia de un auto que nació con el empuje del legendario Rubén Luis Di Palma. En su taller de Arrecifes, donde comenzó a trazar de manera artesanal cada detalle del Torino. Sí un Torino, la marca que se transformó en propia con tantas hazañas.

En medio de aquel trabajo lleno de paciencia y dedicación, la muerte los separó. Aquel vuelo eterno en septiembre de 2000 cuando una pirueta fatal con el helicóptero transformó a Di Palma en leyenda. Y el Torino quedó sobre los soportes, sin su hacedor.

 


Su hijo Patricio continuó con el legado. Retomó en el taller la construcción que había quedado trunca, y 45 días después puso en pista, en Nueve de Julio, aquel auto que parecía haber quedado huérfano.

La emoción se hizo esperar. El 11 de mayo de 2003, Patricio Di Palma ganó con el Torino en Buenos Aires. Aquel auto que había armado su padre, finalmente alcanzaba la gloria. Un duelo fantástico con Henry Martin. Un toque sobre el final, el despiste de ambos, aunque Patricio se mantuvo adelante. Definió ante el embate de Gabriel Ponce de León.

Habían pasado 28 años del último triunfo de Torino en el Turismo carretera. Justamente Rubén Luis era el último en ganar en las 500 Millas Mercedinas de 1975. El Loco Luis, que alcanzó 14 victorias con la marca, además de integrar la mítica Misión Argentina en Nürburgring.

Patricio sumó otras tres victorias luego. Marcos ganó una vez y Josito, el nieto del Loco, ya lleva 6 triunfos.

Ese día no ganó un auto más. Ese Torino tenía alma. Tenía vida. Fue impulsado por un alma que está más allá de las frías y metálicas piezas automovilísticas. Lo aceleró Patricio. Lo manejó el Loco Luis. Más allá del automovilismo, esta historia apunta al corazón. Y también al alma.