El Trueno Naranja, un auto con una historia particular

Hace 52 años debutó el Trueno Naranja. Nació para Ford, se consagró con Chevrolet. ¿Inspiró a la creación de Rayo McQueen? Mirá el video.

Hubo una época en la que los autos de competición tenían nombre propio. Una identidad bien definida. Casi como los caballos de carrera. Sin embargo, dentro de ese grupo de automóviles tan particulares hubo uno que fue emblemático: el Trueno Naranja.

En 1967 se desarrolló un proyecto con un vehículo que fue concebido por Pedro Campos y Horacio Steven. El prototipo para Ford tuvo un destino oscuro. Atilio Viale del Carril protagonizó un accidente tremendo, del que sufrió graves quemaduras y falleció su acompañante. Y una semana después, Oscar Cabalén encontró la muerte, junto con su tripulante, en una prueba en San Nicolás. El proyecto de la marca del óvalo se abortó.

 

La temporada 1968 de Turismo Carretera presentó varias novedades. Debutó Carlos Reutemann con el Falcon angostado, la nueva apuesta de Ford; el Numa SP de Andrea Vianini y tantos otros que no tenían otro objetivo que salir a correr las Liebres, de Eduardo Copello, Nasif Estéfano y Gastón Perkins., que venía de la popular CGT (Copello, Gradassi y Ternengo).

Carlos Pairetti corría con el Chevrolet Barracuda y ganó en Balcarce, en una fecha recordada por la tragedia, que arrojó 8 muertos. Pero sabía que aquel prototipo tenía un gran potencial. Entonces avisó a Steven que quería correrlo. Y de allí surgió la derivación de ese vehículo. Cambiaron el motor de Ford F-100 y pusieron un Chevrolet 250 de 7 bancadas, a cargo dle ingeniero Joseph. La única condición que puso el piloto, es que se modificaran los tanques de combustibles, que se ubicaba en los laterales del vehículo, para reemplazarlos por un tanque trasero, por razones de seguridad.

Y salió al ruedo. El 23 de junio de 1968 debutó en Buenos Aires, donde sorprendió con la clasificación y el dominio de buena parte de la fecha. Si bien abandonó, su aparición fue una amenaza para los Torino.

La historia del Trueno Naranja fue contundente. A partir de allí llegaron las victorias. Cuatro triunfos, paradójicamente las dos primeras en el autódromo Oscar Cabalén, de Córdoba, y las dos restantes en el autódromo porteño. Y fue en el predio de Buenos Aires donde se definíó el campeonato y antes de la largada de la segunda serie, uno de los grandes candidatos, Eduardo Copello, se bajó la Liebre, se acercó a Pairetti y le dijo: “Carlos, corré tranquilo porque sos el campeón. Tengo el motor fundido y no voy a llegar."

Y así fue. Pairetti se consagró campeón con el popular Trueno Naranja. Al año siguiente ese auto sólo obtuvo un par de triunfos más y allí se terminó su fugaz paso por el automovilismo. Sin dudas que más allá de un impacto cromático, el Trueno Naranja quedó sellado en la historia.

A tal punto que, según la leyenda, hasta inspiró, cuatro décadas después, a otro auto emblemático, aunque con otras características… Según el constructor del Trueno Naranja, Pedro Campo, sospecha que la creación de Rayo McQueen, el auto protagónico en la película Cars, tiene una particular similitud con el popular auto de Turismo Carretera.

Autos con personalidad, con nombre propio. El Trueno Naranja marcó una época y quedó marcado, tan destacado como su color, en las páginas doradas del automovilismo argentino.