En el nombre del padre
Miguel Ángel Guerra sufrió, disfrutó y se fue feliz de Salta. Ayer vio la primera victoria de su hijo Lucas en el Top Race V6.

El teólogo francés Juan Calvino tenía entre tantas frases una que hablaba del sufrimiento. En ella decía que uno primero debía someterse al sufrimiento supremo para así descubrir la alegría en su totalidad. Lo vivido ayer por Miguel Ángel Guerra se acercó bastante a dicha frase. El ex F1 pasó un domingo muy distinto a todos. Su hijo Lucas tenía, en la segunda final del Top Race, la posibilidad de alcanzar su primera victoria. El transcurrir de la mañana dominguera fue cambiando. En Ángel, la tensión fue aumentando y los nervios se fueron acumulando. Segundos antes de largar, Guerra se acercó al auto de su hijo y solo le manifestó que piense y que esté atento. De ahí se fue a un mangrullo al final de la recta y observo toda la carrera. Parecía tranquilo, pero al mirar sus manos se notaba el nerviosismo. No quería preguntar cuanto faltaba hasta que le dijeron que la carrera más larga que estaba viendo había terminado. Con ella terminó el sufrimiento y llegó la totalidad de la alegría. Acá su palabra:





