HACE 50 AÑOS UN LINYERA LE ENSEÑO A BERTA

La historia del linyera fantasma que salvó a Oreste

Esta historia trascurrió cuando culminaba un caluroso febrero de 1967. Oreste Berta se aprestaba a debutar con el equipo oficial Ika y los revolucionarios Torino en el Turismo Carretera.

El escenario era el semipermanente de San Pedro en la provincia de Buenos Aires.

Tal cual como el mismo "Mago" de Alta Gracia, oriundo de Rafaela, lo cuenta en su última creación: "MOTORES, AUTOS Y SUEÑOS", memorias del gran innovador del automovilismo deportivo, su libro.

Cuenta la leyenda de aquel episodio sorprendente y fantasmagórico de hace 50 años lo siguiente:

"Para nosotros comenzaba la aventura del Campeonato Argentino de Turismo Carretera, por la que tanto habíamos trabajado.Lllegamos a San Pedro el viernes previo a la carrera y nos establecimos en el camión taller, al inicio de la extensa recta de un camino de tierra que formaba parte del circuito donde correríamos.

Allí comenzamos a probar con las clásicas tiradas a fondo en ruta abierta, en la que se terminaban de poner a punto los motores y vehículos. En esos ensayos, por primera vez, comencé a probar como saltaba el auto sobre los típicos lomos de burro de los caminos de tierra.

Todo funcionaba con absoluta normalidad hasta que me subí al tercer Torino, al de Jorge Ternego, los otros dos eran para Eduardo Copello y Pirín Gradassi, conformando la famosa CGT.

En ese auto, nos había aparecido una falla de lo más desconcertante. El motor funcionaba perfecto hasta una cierta velocidad pero, entonces, comenzaba a fallar de manera que parecía que le faltaba un cilindro. Tras los controles de rigor, realizamos varias pruebas cambiando bujías, cables, limpiando carburadores, pero el motor continuaba fallando.

Mientras pasaban las horas y continuábamos renegando con el problema sin solución, nuestra preocupación crecía y ya no teníamos siquiera la menor idea de por donde seguir buscándolo. Fue cuando sucedió "El Milagro".

Un típico croto, de los que en esos tiempos era común encontrarse caminando por los caminos de la patria, con su palito y el correspondiente hatillo cargado al hombro, se acercó de repente al auto de Ternengo exclamando: "Oh Weber 45DCO".

Esos eran, ni más ni menos, nuestros sofisticados carburadores que se utilizaban con exclusividad en autos de Fórmula 1, en los mejores autos Sport de aquella década y, ahora, en el Torino 380 w que poníamos ese fin de semana por primera vez en competencia. Ante mi más absoluta incredulidad por lo que estaba presenciando, el linyera que asomaba la cabeza dentro del motor, que había identificado correctamente los carburadores, había escuchado como fallaba el auto y dijo con total seguridad: "Tienen un centrador puesto al revés".

La situación era tan surrealista que las caras con las que nos miramos quienes estábamos alrededor del auto, además de atónitas, fueron de concordancia tácita para verificar si el diagnóstico que nos daba el destino podía tener o no verosimilitud. Desesperados como nos encontrábamos, no demoramos nada en revisarlo, y así era. El centrador estaba dado vuelta, lo colocamos en la posición correcta, probamos y funcionó perfecto. Pero para cuando todo esto sucedió, le "linyera milagroso" había desaparecido. Nunca más supimos nada de él.

Desapareció tan misteriosamente como había aparecido pero nos dejó su recuerdo de una de las anécdotas más singularmente curiosas que me tocó vivir en mi historia del automovilismo deportivo".

Textual Oreste Berta. Del linyera nunca más se supo pero sin dudas solo un fantasma, que apareció hace 50 años, pudo enseñarle al genial Mago que hizo historia en el mundo motor.