Recuerdos de la mañana fría del 11 de septiembre

En primera persona, el recuerdo de la tragedia del 11S en medio de los vuelos de Carburado por Europa y Estados Unidos con la Fórmula 1.

Hacía frío en aquella soleada mañana del 11 de setiembre de 2001. 

Estaba cerrando la valija para viajar hacia Italia, cuando miré de reojo por televisión que algo grave estaba sucediendo en Nueva York. En la habitación en que tenía la ropa de viaje escuchaba el programa que tenía Marcelo Tinelli en FM y confirmaba lo que hoy se recuerda como una de las mayores tragedias contemporáneas.

Eran las 08:46, hora exacta en que un primer avión de línea secuestrado por terroristas se estrelló contra una de las torres del World Trade Center (WTC) en Manhattan, el 11 de septiembre de 2001. Unas 3.000 personas fallecieron en los ataques con dos aviones que provocaron el derrumbamiento de las Torres Gemelas de Nueva York. Una tercera aeronave se había estrellado en el Pentágono en Washington y una cuarta había caído en Shanksville (Pennsylvania, este), luego de que pasajeros y la tripulación se rebelasen contra los secuestradores, según el relato oficial.

Ese martes era día de viaje. A las 13 saldríamos desde Ezeiza rumbo a San Pablo, Brasil, escala de dos horas y desde ahí hasta Milan. Se acercaba el Gran Premio de Italia de Fórmula 1 en Monza y con el grupo de Carburando Internacional estábamos listos para una nueva transmisión de la cadena latina PSN.

Consternado por las primeras noticias tomé el remis hacia Ezeiza en donde nos encontramos para salir. Como quien no quiere la cosa, mirábamos en los monitores del hall principal la sucesión de noticias que se iban originando. Eran de tan gravedad que empezamos a dudar sobre el viaje. Al final, salimos rumbo a San Pablo, en donde aterrizamos a las dos horas y media. No había nadie en el aeropuerto. Teníamos una escala de más de dos horas para tomar un vuelo de Alitalia rumbo a Malpensa pero la estación estaba casi deshabitada. Nos fuimos al VIP del aeropueto, comimos algo y empezamos a mirar los diarios que en ediciones especiales estaban alertando sobre los sucesos. Miramos televisión. El panorama era espeluznante, desolador.. 

A esa altura de los hechos y mientras estábamos en al aire, nuevos atentados se habian concretado y los derrumbes empezaban a desolar Nueva York. Nosotros, en sala de espera.

En un momento volvimos a pensar que los vuelos se iban a suspender. Es más, fuimos al mostrador de Alitalia y nos dijeron que el viaje, en principio, se hacía. 

Las noticias que seguían llegando eran de lo peor. Así las cosas llegó el momento del pre embarque. Ya habia anuncios de vuelos suspendidos, por ejemplo los que tenian a Estados Unidos como destino. 

Cada vez menos gente en al aeropuerto nos garantizó un trámite rápido. Incluso hubo muchas bajas en el vuelo, por lo que teníamos lugares y asientos para elegir. Mientras tanto,  a unos miles de kilómetros de allí, los edificios seguían derrumbándose...

Subimos, despegamos, llegamos a los 11 mil pies y viajamos cruzando el océano aquel 11 de setiembre de 2001. 

Confieso que de haber sabido lo que supimos después, no creo que hubiera subido tan inocentemente al avión ese martes.

Llegamos cansados a Milán. Era casi el mediodía italiano cuando nos recibió una invasión de Carabinieri, apostados en cuanto rincón había libre del aeropuerto. Nos hicieron esperar para sellar los pasaportes, y antes de ello nos desviaron a un inmenso hall en donde alojaban a los vuelos de sudamérica, africa y asia. Allí estabamos, con senegaleses, indios, chinos, egipcios, brasileños y mexicanos. Todos en la misma licuadora y la misma sospecha... los europeos pasaban rápido y salían despavoridos, nosotros esperábamos. Finalmente se apiadaron y nos permitieron ingresar como corresponde. Mientras esperábamos el equipaje nos íbamos enterando del horror. 

Más tarde, cuando llegamos al hotel de Milán supimos del horrible desenlace con mayores precisiones. 

Fue un vuelo que no voy a olvidar por el silencio en el pasaje y por la soledad en que subimos en Brasil aquella tarde del 11S. Después vino la carrera. Fue aquel GP en el que las Ferrari de Michael Schumacher y Rubens Barrichello corrieron con la trompa pintada de negro y sin publicidades. Un fin de semana muy triste, sin festejo en el podio, y con mucho luto.

Pero lo que venía era duro también. Se acercaba el GP de Estados Unidos en Indianápolis y las amenazas de un nuevo atentado salpicaban esa carrera. Había terror en los europeos y en nosotros también. Varios pilotos no quisieron correr.

El GP de Estados Unidos era el 30 de setiembre. Pero debía estar allí unos días antes para viajar con nuestro ex compañero Andrés Agulla (hoy en ESPN) desde Miami hacia Indianápolis. Para ese viaje tuve más temor que los anteriores. Ya se sabía lo que habia pasado en las Torres Gemelas y la posibilidad de nuevos atentados en aviones o en eventos deportivos seguía latente. 

Viajé sólo el 22 a la noche. Ese vuelo de American se retrasó porque habían encontrado un asiento con un

a valija y sin el ocupante. No sé bien que ocurrió, la valija la sacaron y el ocupante nunca llegó. Traté de no pensar más y casi una hora y media después, me entregué al viaje...

Luego en Miami y en Indianápolis poco pasó. Salvo los continuos homenajes, incluyendo al de las victimas de American Airlines que se hizo en el aeropuerto de Chicago momentos en que llegábamos desde Mami, Fue conmovedor.

Cuando terminó el GP, regresamos ese mismo domingo. Viajamos con la ropa de la carrera y las credenciales colgando. Queríamos cerrar el capítulo y escaparle a setiembre. 

Aquel setiembre inolvidable en el que desafiando las amenazas y delirios de Bin Laden nos atrevimos a subirnos a los aviones, cruzar los océanos y desembarcar incluso en los Estados Unidos.

Vaya este sencillo recuerdo, en honor a tantas vidas perdidas aquel 11S.

Y la vida sigue. Y las carreras también.

Ferrari con trompa negra luto, en Monza 2001