Todo un símbolo: Niki Lauda ya conocía la muerte

Fue el símbolo de la vieja Fórmula 1. Niki Lauda marcó una era y fue ejemplo de superación. Ya conocía a la muerte, a la que había enfrentado y derrotado.

Fue quizá la historia más emblemática de la historia de la Fórmula 1. Un piloto que se hizo un lugar en la máxima categoría, con un talento exquisito, con una dedicación única por perfeccionar aquello que para muchos parecía perfecto. Muchos sostienen que cuando sólo pronuncian el apodo, esa persona pasa a ser grande. En este caso, Niki superó todas las adversidades para convertirse en el mejor de todos.

Así era Lauda, aquel austríaco parco, que llegó a la máxima categoría cuando las publicidades tabacaleras y las chicas eran sellos indelebles de una época que hoy, a la distancia, parece irreal. Sin embargo ajeno a todo aquello, se esforzó para proclamarse campeón mundial. Aunque allí no terminó su historia. Luego se esforzó aún más para sobrevivir. Y más aún para volver. Y aún más para volver a ser el mejor…

Andreas Nikolaus Lauda. “Niki” nació el 22 de febrero de 1949 en Austria. Pese a pertenecer a una familia de alta alcurnia, su pasión por la velocidad fue mayor que los designios familiares. En 1968 comenzó a competir en categorías promocionales y en 1970 se metió en la Fórmula 3 y los saltos a la Fórmula 2 y a la Fórmula 1 fueron meteóricos. Debutó de la mano del team March.

En 1973 apareció con el equipo BRM en el Gran Premio de la Argentina. Pero en 1974, debutó en Ferrari también en Buenos Aires, donde comenzó una historia única. Llegó su primera victoria en España. Luego venció en Holanda. Rápidamente encontró la gloria, al coronarse campeón mundial en 1975.

Su estilo prolijo y su meticulosidad presagiaban un futuro exitoso y sin fisuras dentro de la estructura comandada por don Enzo Ferrari. En 1976, cuando ya había ganado cuatro de las seis carreras disputadas y contaba con una sobrada ventaja en el campeonato, el Gran Premio de Alemania fue el quiebre en su vida. Allí en Nurburgring protagonizó uno de los accidentes más espectaculares de la historia de la Fórmula 1.

Su máquina se descontroló, pegó contra el guardrail y quedó envuelto por una llamarada interminable, a su vez que fue chocado por otro vehículo. Tres pilotos fueron a rescatarlo: Harald Ertl, Guy Edwards y Arturo Merzario.

Pronóstico reservado y los vaticinios eran negativos. A tal punto que un sacerdote le dio la extremaunción. Sin embargo, Lauda a las 6 semanas de aquel infierno vivido en Nurburgring regresó a las pistas. Con el rostro desfigurado por aquellas llamas que, además de quemar la piel, afectaron el sistema respiratorio.

Ese año, pese a todo lo vivido, llegó Lauda a la última fecha con 3 puntos de ventaja por sobre su gran rival, el británico James Hunt. En el GP de Japón, bajo la lluvia, la carrera se disputó con pista mojada, y tras un par de vueltas, Lauda abandonó al indicar que era muy peligroso correr bajo esas condiciones. Hunt continuó su marcha y se coronó campeón.

Aquella rivalidad con Hunt, que además de medirse en la pista se contraponían los diferentes estilos de vida, llevó al director americano Ron Howard a realizar la película “Rush”.

Aquella decisión de no continuar en pista en Japón, le costó al austríaco romper relaciones con Ferrari. Si bien se consagró campeón en 1977 con la escudería italiana, ya el clima era imposible de recomponer. Más aún cuando Ferrari incorporó en Canadá a su tercer auto, para ingresar a un desconocido Gilles Villeneuve.

En 1978 se incorporó en el equipo Brabham. Pero la experiencia fue mala. Pocos triunfos, muchos abandonos y finalmente en 1979 le comunica al responsable del team, Bernie Ecclestone, que no quiere “seguir corriendo en círculos”, en alusión a los innumerables problemas, abandonos y trompos con sus autos.

Se alejó de las pistas y se asentó en Austria. Se dedicó a su otra pasión: la aviación. Fundó su propia empresa aérea, Lauda Air. Pero también la fundió. Problemas financieros y una querella por parte de Austrian Airlines, lo empujaron a volver al automovilismo, en 1982. Y allí lo recibió McLaren, que lo tuvo durante cuatro temporadas, de las cuales se proclamó campeón en 1984. Su último triunfo fue en Holanda, en 1985.

Ya ex piloto, insistió con los aviones, y creó otra empresa: “Niki”. A la vez trabajó como comentarista de Fórmula 1 para varias cadenas televisivas. A mediados de la década de los años 90 ingresó como consejero en la alicaída Ferrari. Fue su idea contratar a Michael Schumacher para la casa del Cavallino Rampante.

Por aquellos años también aparecieron los primeros problemas de riñón. Debió recibir un trasplante por parte de su hermano Florean. En 2005 otra vez se sometió a otro trasplante, esta vez por parte de su novia Birgitt, que luego se convirtió en su esposa y madre de los mellizos Mia y Max, nacidos en 2009.

A partir de 2001 dirigió al equipo Jaguar en la máxima categoría, hasta que finalmente se unió a Mercedes, cuando la casa alemana ingresó en la Fórmula 1. En 2018 dejó de asistir a las carreras por problemas de salud. Finalmente se sometió a trasplantes de pulmón

A lo largo de su carrera en la máxima categoría pilotó para March, BRM, Ferrari, Btabham y McLaren. Logró 25 triunfos, 54 podios sobre 185 competencias. Números que avalan una trayectoria increíble, con un episodio único en medio de su exitosa carrera.

Niki Lauda. El hombre que enfrentó a la muerte cara a cara y la venció cuando parecía derrotado. Se hizo más fuerte aún, se puso firme para decir que no se podía correr en aquella lluviosa jornada japonesa, enfrentó las represalias y pese a ello, salió campeón y demostró cuán fuerte era. Se fue el mayor símbolo de la Fórmula 1.