Opinión

Caso Mazzacane: el comienzo de una "serie" cautivante

La tecnología expuso un hecho insólito por cómo se conoció una caso antirreglamentario en el TC y por cómo se propagó. Los protagonistas agigantan el caso.
Caso Mazzacane: el comienzo de una "serie" cautivante
Caso Mazzacane: el comienzo de una "serie" cautivante

Es el comienzo de una serie que promete ser cautivante. Al menos el capítulo presentación, que bien podría estar en la grilla de Netflix, así se muestra. Por los protagonistas, que siempre cuando se roza el poder (ya sea dirigencial, político o económico resulta siempre muy seductor), por las consecuencias que pueden ser múltiples, pero fundamentalmente por cómo se conocieron los hechos. Se televisó una situación antirreglamentaria, si los datos mostrados son fidedignos.

En la serie (la competencia) que el Turismo Carretera desarrolló en Toay, La Pampa, la transmisión oficial de la categoría, en un alarde de tecnología, mostró en vivo los datos obtenidos de los distintos protagonistas de la jornada. Entre ellos, el del Chevrolet de Gastón Mazzacane, que en este TC actual, no es un piloto más: es el hijo del presidente de la Asociación Corredores de Turismo Carretera (ACTC), Hugo Mazzacane, y a su vez ejerce el cargo de vicepresidente 2° de la entidad.

En algunos pasajes de la actividad, la gráfica de la transmisión mostró la velocidad de tránsito por los principales pilotos, junto con las RPM (revoluciones por minuto) de los respectivos impulsores. Según el reglamento, los usuarios de Chevrolet no pueden superar las 8900, aunque la gráfica indicaba que los traspasaba.

El dato fue intrascendente, hasta que en las redes sociales comenzó a circular una captura de pantalla de la propia transmisión oficial del Turismo Carretera, que evidenciaba la anomalía del caso. Y aquí aparece lo más llamativo de un culebrón inesperado que sacude a la ACTC: la misma herramienta que tanta inversión económica requirió en su momento en favor de la transmisión televisiva fue la que delató la ilegalidad de un hecho que se potencia por los nombres implicados.

No hay que asustarse con la palabra ilegalidad. Y menos en el ámbito deportivo. Que una anomalía técnica se produzca, y más en el automovilismo, no implica la intencionalidad del mismo. Puede que sea un error de preparación. Aunque también, claro está, puede ser un hecho adrede para sacar ventajas y que de la manera menos esperada saltó a la luz. Aquí no se juzga ello. Lo concreto es que esa herramienta que se rige por el “Race Control”, la adquisición de datos que se utiliza también para la gráfica en la transmisión televisiva, delató las vueltas del motor que excedían los valores permitidos.

Hay imágenes que trascienden ahora y muestran el mismo auto, a más revoluciones, por ejemplo, en la carrera de Paraná.

El punto es que aquí no hubo denuncias por parte de otros equipos o pilotos, la revisión técnica no realizó objeción alguna por la anormalidad del hecho. Horas después, o al otro día en la tranquilidad del feriado de lunes, el escándalo estalló a través de las redes sociales, con la circulación de la captura de pantalla.

La misma tecnología, que ahora está al alcance de todos y con una difusión inimaginable, a través de Twitter y demás redes, evidenciaron un caso insólito. ¿Qué hubiese sucedido si no existieran las redes sociales? Todo esto fue ingobernable para las autoridades teceístas, que debieron actuar en consecuencia de esta repercusión inesperada. De hecho cuando salió el comunicado de la Comisión Asesora y Fiscalizadora (CAF) de la ACTC, algunas autoridades no estaban ni siquiera enteradas del caso, aunque el doctor Jorge Luis Esquivel, de la CAF, se pronunció sobre el caso.

Lo concreto es que el martes por la tarde se comunicó que el piloto Gastón Mazzacane fue excluido de la competencia de Toay y fue suspendido de manera provisoria, al igual que su motorista Fabio Martínez. Ambos deberán declarar el próximo martes.

Por otro lado, off the record (fuera de micrófono como se suele decir en la jerga periodística), los mismos que por lo bajo sostenían que había cuestiones técnicas “llamativas”, son los mismos que bajo la misma condición ahora se adueñan de la verdad esgrimiendo que esto no es más que la confirmación de aquello que vaticinaban.

La historia de nunca acabar. Salvo aquella denuncia de los hermanos Bonelli en el resonado caso “Gurí” Martínez, no hay acusaciones formales cuando la sospecha es un secreto a voces en los boxes. Una categoría que estuvo salpicada por hechos ilegales (repito, fuera de los reglamentos establecidos) y más en los últimos tiempos, con casos que envolvieron también a pilotos que a su vez fueron hijos de los presidentes de turno, el TC otra vez se pone a prueba frente a duras realidades.

Es el complejo compromiso que aceptan quienes intervienen en la competencia y a su vez son hijos de presidentes. Pasó con los Aventin, Oscar y su hijo Diego. Las suspicacias acompañaron toda esa gestión. Por el sólo hecho de ser hijo de. Hasta que algunos hechos terminaron por corroborar las sospechas de quienes atacaban a la tradicional familia, que finalmente dio un paso al costado. Ahora sucede algo similar con los Mazzacane. No es fácil en una entidad que se acostumbró a lidiar con hechos al menos sospechosos dentro de la misma institución.

¿Habrá consecuencias políticas en la ACTC? ¿Habrá reclamos por parte de quienes en tono bajo recriminaban con sospechas y lo prueban con la misma transmisión televisiva? ¿Habrá alguna otra sorpresa? Todo parece indicar que esta serie, la del Turismo Carretera, comenzó con todo y de la manera más inesperada. Un resonante caso dentro del mundo automovilístico merecedor de transformarse en una serie que, por cómo comenzó, promete ser cautivante… Si es que no termina en un cuestionamiento de las herramientas tecnológicas mostradas en las transmisiones. En todo caso, será el televidente el que se mostrará defraudado.

Recibir mas informacion sobre
Caso Mazzacane: el comienzo de una "serie" cautivante

Lo mas leído

Destacadas

TC2000

Ver todas

Turismo Carretera

Ver todas