Conmovedor homenaje para Alberto Canapino

La muerte de Alberto Canapino paralizó al ambiente de nuestro automovilismo. De esos golpes inesperados que dejan “groggy” a un mundo que sigue girando y que no deja resquicio ni para el duelo de sus seres queridos. O se quedaba en la cama llorando como había hecho en los últimos días o salía a ponerle el pecho a otro momento duro en su vida. Así explicaba el propio Agustín Canapino cómo se presentaba el primer fin de semana sin su padre.

Lo que pasó en pista mantuvo la lógica. Ganó en La Plata la apertura del campeonato de TC. Como había terminado el último certamen en Villicum. Incluso como había sucedido hace siete días con el Súper TC2000, mientras Alberto peleaba por su vida.

Todo lo que vino después de la bandera a cuadros fue con un nudo en la garganta, los ojos brillosos y llantos de los que fueron testigos de un momento absolutamente conmovedor. Cuando apagó el motor de su Chevy, Agustín se quedó unos segundos en soledad, en una comunión íntima con el último Chevrolet exitoso de uno de los técnicos más influyentes y exitosos de la historia del TC. Allí también estaba él… El “Gordo”.

Cada segundo de ese momento previo a la ceremonia de premiación fue un homenaje inolvidable. La caricia del tetra campeón al techo de la Chevy #86. El reconocimiento y el respeto de todos los presentes en un el medio de un silencio abrumador frente al podio. Uno por uno, los integrantes del equipo lo fue a saludar al ganador de la apertura del TC.

Abrazos prolongados. Sin festejos. Con desahogo y el alivio del tributo merecido. Agustín contuvo a todos sus mecánicos en la emoción de un instante grupal desolador. Con temple de acero. Recogió entre sus brazos a su hermano Matías. Se fundieron con el discípulo de su padre, Guillermo Cruzzetti. Cobijó bajo el casco a su motorista Lucas Alonso, una de las últimas apuestas conjuntas entre el piloto y el chasista dentro del TC.

Fue el corolario de una semana que enlutó al automovilismo argentino. La pérdida es irreparable. El hueco que dejó será imposible de llenar. Uno de los mejores técnicos de la histórica del TC y el padre de uno de los mejores pilotos de la historia de nuestro automovilismo, tuvo su merecido homenaje. En pista y abajo. Con su gente y sus rivales… Alberto Canapino pasó a la inmortalidad. Y aun sigue ganando…