El día que el Pato Donald viajó en avión con Traverso y Guerra

En uno de los viajes a Europa, Miguel Ángel Guerra compró un pato de peluche y lo sentó en el avión entre el y Juan María Traverso. Acá la historia

En el año 1993 Juan María Traverso y Miguel Ángel Guerra se fueron juntos a competir al Turismo Italiano. Ambos lo hacían con Lancia. Los dos autos estaban pintados iguales con los colores de Argentina. Más allá de lo deportivo, que fue bueno, cada vez que a ellos se les pregunta por ese torneo, las miles de anécdotas vuelven a la mente y la sonrisa de los protagonistas se vuelve hacer grande.

Entre tantas cosas que han vivido juntos, y las cosas que hay para contar, Guerra comenta una que logró avergonzar al Flaco. La historia comienza en el Aeropuerto de Fiumicino, Roma, donde luego de haber terminado una carrera llegaron a esperar el avión para regresar a nuestro país. Una vez que hicieron el Check- in pasaron a la zona de embarque para esperar el avión. En esa espera, y caminando por el Free Shop, a Miguel Ángel se le ocurrió comprar un Pato Donald, de peluche, para traer de regalo. Al salir de ese sector se acercó a Juan María que quedó sorprendido con lo que estaba viendo. “La cara del Flaco se transformó”, comento Guerra entre risas que agregó: “Había vuelos que no nos dirigíamos la palabra. En otros un poco. En esa oportunidad para incomodarlo compre ese pato y lo puse al medio nuestro. Le dije sino me hablas, le hablo al pato”. Para completar la anécdota, el peluche pasó por Uruguay. “Ese vuelo fue increíble. No pudimos aterrizar en Ezeiza, creo que por mal clima, y nos llevaron a Montevideo. Allá nos bajamos y yo seguía con el Flaco y el pato al lado”.

Por su parte, el de Ramallo dio su punto de vista sobre lo ocurrido, y entre risas, al respecto comentó: “Cuando volvíamos de Europa, Ángel le traía regalos a Lucas que era chico. Recuerdo que en muchos viajes ni nos hablábamos con Guerra. Ese día lo tengo bien presente. Estábamos en el aeropuerto y se aparece con un pato que era más alto que él. Yo no lo podía creer. Encima no se podía despachar. Imagínense haciendo la cola para subir al avión con ese pato a la rastra. Nos miraban todos.  Una vez arriba de la nave lo puso entre nosotros. Un papelón”.  Al día de la fecha, el regalo que recibió Lucas todavía sigue en la casa de Miguel Ángel Guerra.