Opinión

El lastre, la polémica opción recurrente para controlar casi todo

El sistema de lastre es la herramienta utilizada por las categorías para emparejar hacia abajo, ante el temor de un protagonista dominante

El lastre, la polémica opción recurrente para controlar casi todo
El lastre, la polémica opción recurrente para controlar casi todo

Economías diezmadas en la mayoría de los casos, falta de ingenio en tantos otros, las categorías, fundamentalmente de Turismo, caen en un recurso remanido para “controlar” que nadie se dispare en el campeonato y así mantener el interés hasta el final de cada temporada: el sistema de lastre.

Sin embargo, ese supuesto control a veces se descontrola, con las actitudes exacerbadas de los propios pilotos. Esto sucedió el último fin de semana, en Termas de Río Hondo, donde Leonel Pernía y Facundo Chapur se pelearon hasta la línea de sentencia para no ganar la competencia del Turismo Nacional.

Lo que pasó en esa competencia es una estafa al público. Se pretende pagar una entrada o encender la TV para ver un espectáculo en el que los protagonistas dejan todo por el mejor resultado. ¿O no se sanciona a un equipo de fútbol si “va para atrás”? ¿Cuáles fueron los escándalos del tenis, con jugadores que “no pusieron todo” en favor de alguna apuesta?

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En el automovilismo no hay sanciones por ello. Los propios pilotos, una vez que desaceleraron adrede en la pista, continuaron en el podio aseverando que no querían ganar. Insólito.

Al margen de esta situación puntual, el error comienza por el reglamento de las categorías, que castigan a los que logran objetivos a tal punto que la especulación toma protagonismo.

Por ello en los boxes, los cálculos se dividen entre los puntos que se ganan por determinado resultado versus los kilos que se agregados para la siguiente fecha. Cuando el sistema, perverso, conspira contra el espíritu deportivo, no hay forma de solucionarlo en la práctica.

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El sistema de lastre no es nuevo. En el mundo muchas categorías de Turismo apelan a este recurso, cada vez más cuestionado. Y en la Argentina, ante la falta de imaginación y los inconvenientes económicos, es la opción a mano para tratar de mantener la atención del campeonato.

El sistema de lastre conspira contra la construcción de ídolos. Aquellos que marcaron épocas gracias a sus victorias y rendimientos, los kilos los obliga a ocultarse en el pelotón. Ya sea por imposibilidad de acelerar con ese peso incorporado extra, o simplemente, por una actitud especulativa.

Si en el automovilismo argentino se habla de lastre, la memoria colectiva dispara aquella polémica decisión del Turismo Carretera de implementar los kilos en los autos de los tres pilotos del podio. Pero en aquella oportunidad, el dominio de un fuera de serie, como Juan María Traverso, expuso la debilidad del recurso del lastre, dominando carreras hasta hacer evidente el retraso al cuarto lugar.

Pese a las críticas, el Turismo Carretera mantuvo el polémico sistema de lastre, que ahora tanto se cuestiona en el Turismo Nacional. Y son los mismos pilotos los que se enfrentan a las categorías para poner de manifiesto su oposición a las medidas adoptadas.

Pernía lo viene diciendo desde hace rato y expone su disconformidad frente al sistema de lastre. Algo similar sostiene Agustín Canapino en el TC2000. Una categoría que había encontrado la fórmula con el Push to Pass para encontrar mayor cantidad de sobrepasos, este año le agrego el polémico recurso del peso extra. Innecesaria medida, más allá que los propios dirigentes argumentan la necesidad de posibilitar a la gran mayoría de los equipos la chance de la victoria, en el Sprint o en la final.

Tras el bochornoso final del domingo último en Termas, Canapino apareció en las redes sociales con un duro mensaje: "Qué vergüenza... Un papelón. Una nueva demostración que los kilos son el peor cáncer del automovilismo. Qué triste".

El sistema de lastre no es la única opción para buscar herramientas que se alejen del purismo en el automovilismo, como lo hace la Fórmula 1 con una clasificación y la largada  directa. Hay penalización por puesto, inversión de grillas, utilización de kit aerodinámicos para optimizar o no el rendimiento según sus logros.

Los dirigentes están en la dicotomía de librar las categorías a ese purismo teórico, o administrar recursos para equiparar desde los reglamentos deportivos a los más débiles frente a los más poderosos, urgidos por panoramas económicos magros que asustan y empujan a tomar decisiones especulativas.

Mientras tanto, los escándalos florecen. Los pilotos se hacen escuchar y cada vez más fuerte exponen sus opiniones, dejando en evidencia en las pistas sus contraposiciones, llevando la situación al escándalo antideportivo.

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