En el automovilismo la suerte no existe

Una vez lo dijo Alberto Canapino y hoy parece inverosímil. Es el cerebro del equipo y del tercer campeonato logrado en TC por su hijo Agustín.

¿Qué se puede escribir que no se haya leído acerca de la epopeya de Agustín Canapino y la conquista de su tercer campeonato de TC?
Ha sido una de las definiciones más increíbles de nuestro automovilismo y con protagonistas de lujo tanto en la pista como debajo, en los equipos. El TC todavía puede darse el gusto de caminar por la cornisa con carreras que bordean el caos y en las que de pronto casi todo sale bien y el valor de lo realizado vale doble o triple.
El broche final de la temporada en San Nicolás será uno de los momentos más recordados para la historia cercana de la categoría. En un año con muchas dificultades, pudo llegar al desahogo con el festejo del tricampeonato de Agustín Canapino y su Chevrolet.
Pero detrás de lo que se aplaude y resalta está el trabajo de un equipo que sostuvo la idea de su cerebro, que ha sido Alberto Canapino, padre de Agustín y también múltiple campeón en el automovilismo y en especial en el TC. Junto con otro "pensador de carreras" que trabaja en silencio, Guillermo Cruzzetti, logaron llegar a la cima en la cuesta más empinada. La tarea antes de la Final de ayer era ciclópea, inimaginable para muchos, pero mientras exista una mínima chance, los Canapino y su equipo no la van a desaprovechar.
"En el automovilismo la suerte no existe" dijo una vez Alberto y me quedó grabado para siempre.
Pensándolo bien, lo más fácil y directo para decir es que existió la "suerte" del campeón o que la "suerte" de la lluvia ayudó a Canapino. Es lógico el razonamiento, cuando se antepone la suerte o los caprichos del destino por encima de los factores causales y sus consecuencias.
Es decir, asignar a la suerte un papel protagónico y decisivo es "místico", pero razonar los motivos que ayudan a reaccionar lúcidamente ante situaciones inverosímiles, es frialdad, pensamiento y raciocinio.
En fin, todo puede ser una eterna discusión, aunque lo que no está en dudas ha sido la capacidad de este equipo para resolver este tipo de situaciones críticas.
"Las imágenes satelitales nos mostraron antes de empezar la carrera que podía haber lluvia" comentó Alberto, que mira siempre la meteorología antes de correr desde la época de Traverso... "Tenía que pasar la nube justo por arriba. Si pasaba seríamos campeones" como si se tratara de un hechizo o una brujería... "Pongamos la puesta a punto de lluvia, las gomas y salgamos últimos, total, perdidos por perdidos... Son decisiones que pueden salir mal o bien pero que valen un campeonato" deslizó ya con el resultado puesto, al describir el dramático momento de los minutos antes de salir con el Chevrolet a la pista de San Nicolás.
No es la primera vez que situaciones parecidas ocurren con Alberto Canapino. "En el automovilismo la suerte no existe" me lo contó en un programa de Carburando por TyC Sports de por lo menos hace 10 o 12 años, cuando también se encontraba en la cresta de la ola en el TC con sus innovaciones, y conceptos que revolucionaron la construcciòn del "anti-auto de carrera" que era un TC de aquellos años no tan lejanos.
Esa frase pinta de cuerpo entero lo que significa Canapino padre para lo que es hoy la campaña de su hijo. Como lo fue en los 10 campeonatos ganados en la categoría histórica junto con Juan María Traverso (1995, 1996 y 1998), con Guillermo Ortelli (1998 y 2002), con Juan Manuel Silva (2005), Norberto Fontana (2006), Christian Ledesma (2007) y por último con Agustín (2010, 2017 y 2018) esa es la frase que representa el estudio, la capacidad, la inteligencia, la reacción ante la adversidad, y la actitud de nunca bajar los brazos, lejos de la chabacana cultura del "aguante"... Más bien hablemos de la cultura del trabajo, la dedicación, el detalle, la meticulosidad y el pragmatismo.
En la suma de las pequeñas cosas se ganan cosas grandes y Canapino lo demostró.
Del manejo de Agustín ya hemos hablado y se seguirá hablando. Es un fuera de serie en nuestro país. Pero de la capacidad del equipo también hay que hablar maravillas. El cerebro fue Alberto, su consulta principal fue Cruzzetti y su ejecutor, el campeón, Agustín.