Ford Falcon, el clásico de los clásicos argentino

El 15 de julio de 1963 salió de la planta de Pacheco el primer Ford Falcon fabricado íntegramente en el país. Se convirtió en un clásico. Mirá su historia:

Nació con el insignificante proyecto de ser apenas un modelo de transición. Pero tenía destino de grandeza. A tal punto que se convirtió en el clásico de los clásicos de la industria automotriz argentina. El Ford Falcon

En Estados Unidos Ford creó el Falcon en 1957. Los americanos lo ubicaron como un auto compacto, dentro de los amplios parámetros de la industria automotriz de aquellos años.

 

Versátil, compacto, veloz y seductor, Ford colocó el modelo en Estados Unidos y lo aprobó para ensamblarlo en la Argentina. Fue así que en 1962, en la planta de la Boca, Ford armaba el Falcon que llegaba en piezas desde su lugar de origen y que sólo tenía pocos elementos fabricados en el país, como los neumáticos, los vidrios, los tapizados y la batería.

Pero el Falcon entró en el gusto de los argentinos. Y el proyecto que sólo contemplaba 4 años, llegó para quedarse. Finalmente el 15 de julio de 1963, salió de la planta de Ford en General Pacheco el primer Falcon fabricado en la Argentina.

El éxito llegó de inmediato. Con 5000 unidades producidas ese primer año, se vendió casi el 100%; en 1964 se duplicó la producción gracias al boom de ventas y en 1965 ya era el modelo más vendido del país, con más de 15.000 vehículos anuales.

Se convirtió en el auto aspiracional de la clase media. Con detalles de terminación, una mecánica sólida y las generosas dimensiones en el habitáculo y en el baúl ubicaron al Falcon en un sitio de privilegio.

En una novedosa campaña de marketing para la época, se emitió en la TV la popular telenovela “La Familia Falcon”, que obviamente representaba a la familia argentina y que utilizaba al producto de Ford.

La automotriz no se durmió en los laureles y ocupó con su versátil modelo todos los segmentos posibles para la época. Alcanzó la masividad al salir el Falcon taxi, en 1964, y el Futura, en 1965, con detalles distinguidos, como el techo de vinilo, las novedosas butacas en lugar del asiento enterizo y una consola central muy llamativa.

Los motores también se adaptaron gracias a los desarrollos nacionales. Apareció el de 3000cc y la potencia alcanzaba los 116cv.

Tantos usos tenía el Falcon que en 1965 Ford Motor Argentina construyó en General Pacheco un Falcon cabriolet especial para la Presidencia de la Nación, siendo utilizado por el D. Arturo Illia-

Pero la familia del Falcon, y no en la novela, continuaba con su crecimiento. Ford Argentina desarrolló en 1967 el Falcon Rural, un vehículo distinto a lo conocido en los EE.UU. Y 5 años después apareció la popular Ranchero, una suerte de Pick Up compacta con las características del Falcon y una capacidad de carga de casi 600 kilos.

En el automovilismo deportivo, el Falcon logró su espacio protagónico, especialmente en el Turismo Carretera, con un dominio contundente a partir de la década de los años 70, de la mano de Héctor “Pirin” Gradassi, Nasif Estéfano (único campeón post mortem) y Juan María Traverso.

Aquella época victoriosa en el mundo de la competición originó al nacimiento de otra versión del Falcon: el codiciado “Sprint”, la versión “picante” con el motor 221 SP de 166cv, la decoración exclusiva con las líneas deportivas sobre la pintura naranja o azul provocativos y relojes en su interior que le daban un toque fierrero.

También tuvo sus connotaciones. El Falcon verde rememora a una época oscura de persecución y muerte de la historia argentina.

Además del uso oficial y de las fuerzas policiales y de seguridad, en 1980, frente al auge de las importaciones, el Falcon alcanzó su segundo pico de popularidad, ya que sólo en ese año se vendieron 34.195 unidades, apenas por debajo del récord de 1973, con 35.595.

Los diversos restyling y actualizaciones se mantuvieron permanentemente. La década de los años 80 mostró innovaciones con detalles a la moda, ya que el plástico sustituía el cromado y los faros modernos y otras modificaciones intentaban mantener al clásico frente a los nuevos modelos que aparecían con otra tecnología.

Si bien en 1983 logró ubicarse primero en el ranking de ventas, con 22.060 vehículos entregados, a partir de allí comenzó un tobogán sin retorno. Motores 2.3, 3.0, 3.6 y luego hasta uno diésel, y las versiones SP, Stándar, DeLuxe, Ghía fueron alternativas para llegar a todos los públicos posibles.

Autolatina fusionó a Ford con Volkswagen y la nueva compañía abarató al máximo los costos de producción para mantener al Falcon en el mercado.

Dice la leyenda que en ningún escritorio en General Pacheco se animaban a firmar el documento de defunción del emblemático modelo. Finalmente, el 10 de septiembre de 1991, salió último Falcon argentino.

Aquel auto que intentaba ser un vehículo de transición en Estados Unidos, fue el clásico de los clásicos de la industria automotriz argentina. En el país se fabricaron 494.209 unidades, para las cuales se emplearon 7.750 toneladas de aluminio, más de 300.000 litros de pintura, 500.000 toneladas de acero, y 22.000 toneladas de vidrio. Además de Estados Unidos y de la Argentina, sólo en Australia se fabricó el Falcon, aunque con otras características, entre 1960 y 2016.

Pero sin dudas, el Falcon alcanzó un protagonismo único en el país. Mostró todas sus facetas. Taxi, limusina, patrullero, presidencial, campeón, familiar, ranchero, rural. Ford Falcon. Sin lugar a dudas, un clásico de los clásicos.