Helmut Marko, el robot de sangre fría

Matías Milla fue piloto del Red Bull Junior Team y en esta columna cuenta cómo funciona el programa de desarrollo dirigido por el “cazatalentos”, que expone a los jóvenes a una exigencia y presión extrema, y del que surgió el flamante ganador más joven de la historia de la F1: Max Verstappen.

Por Matías Milla

 

La victoria de Max Verstappen no solo nos hace ver que estamos frente a un verdadero crack, sino también demuestra una vez más el efectivo y exitoso programa de desarrollo de jóvenes pilotos que tiene Red Bull. El mejor y más completo del mundo del automovilismo, dirigido por Helmut Marko. Sus formas despiertan antipatías, pero no hay otro igual a él descubriendo talentos.

La experiencia en Red Bull fue lo mejor de mi vida. Yo no sabía hablar inglés. Helmut Marko me puso a prueba y quedé en el programa de desarrollo. El primer año fuimos a la F3 española, pero lamentablemente caímos en un equipo que no estaba muy bien armado. No tuve buenos resultados. Me pusieron tres pilotos para probar mi auto durante todo el año, y fui el más rápido de todos. Ahí tuve la primera muestra de la exigencia y presión a la que te someten desde el comienzo en Red Bull. Al final de la temporada, Marko me hizo ir a correr la última fecha del campeonato europeo de Formula Renault. Clasifiqué tercero, venía peleando la carrera, un toque me rompió el ala delantera y terminé cuarto. Después de eso me renovaron el contrato.

La estrategia de Red Bull es ir descartando a los pilotos que por un motivo u otro ellos consideran que no sirven para llegar a la F1. Así funciona el Red Bull Junior Team. Por ejemplo, mi gran déficit era el idioma. Me dieron seis meses para hablar el inglés fluido. Helmut Marko siempre me dio un margen mayor a lo normal porque algo veía en mí. Venía muy bien en el campeonato europeo de Fórmula Renault y segundo en el certamen alemán, pero fallé en el examen de inglés y quedé afuera. No estaba preparado como persona, porque me costaba relacionarme con la gente.

Red Bull lo mejor que tiene es cómo lo dirige Helmut Marko, que pone a pruebas continuamente a los pilotos. Uno contra otro. Una vez me llevaron a probar a mí a Oschersleben y quedé quinto. Y al otro día subieron a mi auto a Sebastian Vettel y quedó séptimo. Las presiones son algo normal en Red Bull, porque es un programa cerrado donde están los mejores. Sus pilotos están compitiendo entre sí todo el tiempo, porque se pelean por un lugar. Según el piloto, eso puede ser una presión o una motivación, porque te abre las puertas para entrar en grandes equipos. El piloto debe ser completo. Con 17 años tiene que saber manejarse solo. Y hay que ganarse el lugar. He visto muchos pilotos mejores que los ya consagrados en la F1, pero eran débiles en otros aspectos. Si no sos completo, te pondrán una vez a prueba en un test difícil y si fallás te darán otra oportunidad. Pero esa seguramente será la última chance y ahí no podés fallar porque sino quedás afuera.

Lo de Verstappen del otro día fue impresionante. Talento puro. No me asombró porque ya lo venía siguiendo y como conozco la interna de cómo funciona Red Bull, sabía que por algo lo agarraron desde chico y lo fueron formando. Como hicieron con Vettel. Eso tiene Marko. Cuando él ve que uno tiene una debilidad, enseguida lo pone a prueba. Así van descartando y dejan los mejores. Te enfrentan en la pista, en prueba física, concentración, idioma... Tienen un programa de desarrollo que no tiene nadie.

Integrar el Red Bull Junior Team es lo mejor que le puede pasar a un piloto. Yo cuando me di cuenta ya era tarde, porque a esa edad creía que con manejar bien alcanzaba para llegar a la F1. Hoy con la madurez no soy tan rápido como a los 19 años, pero sí mucho más completo.

Helmut Marko es un robot de sangre fría. Nunca tuvo problema de cambiar un piloto de la Fórmula Renault, ni de la F1. Hoy lo sufre Daniil Kvyat, que para mí ya está afuera. Es el mejor team manager del mundo. Tiene un ojo especial para los pilotos. Algo ve en ellos que otros no pueden ver. Su éxito lo demuestran los resultados. Hoy tenemos un nuevo ídolo: Max Verstappen. Un futuro campeón de la F1. La victoria de Barcelona fue de Max, pero en un 80 por ciento fue de Marko porque la decisión de bajar a Kvyat y subirlo Verstappen fue de él. Lo expuso a la presión de correr contra su compañero Daniel Ricciardo. Y si tenía un accidente iba a ser muy criticado. Pero Marko sabía lo que estaba haciendo.