La historia de una exclusión de película

Pasó un domingo de junio de 2016 en Comodoro Rivadavia y quedó marcado a fuego en el automovilismo.

Las exclusiones en el automovilismo son una situación incómoda porque deja a las claras que se trasgredieron las reglas. Ya sean por cuestiones técnicas o deportivas, el que incurre en la falta es señalado, dentro del mundillo del deporte motor, como un tramposo o, como se dice en la jerga fierrera, un “perrero”.

Sin embargo, la historia que se produjo el 26 de junio de 2016 en el autódromo General San Martín de Comodoro Rivadavia relata una de las penalizaciones más inverosímiles que se pueda encontrar dentro del rico y extenso recorrido que tiene la especialidad en nuestro país.

Ese domingo se disputaba la cuarta fecha del campeonato de la Fuerza Limitada Regional, categoría que emplea autos del estilo del Turismo Carretera de antaño y que regularmente corre en los circuitos de Caleta Olivia, Pico Truncado, Las Heras y el tradicional trazado comodorense. Hoy en día, la divisional no tiene un presente próspero y desarrolla su actividad en el norte de la Provincia de Santa Cruz.

Emilio Moratinos es el protagonista de este relato. Dueño de una casa de embragues ubicada sobre la calle Ameghino de la localidad chubutense, el “Patagónico Volador” es una personalidad dentro del automovilismo zonal sureño y en abril pasado se cumplieron 40 años de uno de sus grandes hitos, la victoria que consiguió en la última edición de la Doble Puerto Deseado.

Volviendo a la historia en cuestión, la Fuerza Limitada Regional fue la encargada de cerrar el espectáculo del “Gran Premio Día de la Bandera” con su final a 12 vueltas. Marcial Arias dominaba las acciones y Moratinos lo seguía de cerca, pero cuando restaban dos vueltas para la cuadriculada, el piloto que en ese momento tenía 71 años se tiró por adentro en unas de las variantes del escenario y lo tocó en la rueda trasera, logrando acceder a la punta, mientras que su rival quedó a un costado de la pista.

En la última vuelta, Arias le recriminó con gestos el golpe cuando el Chevrolet 400 con el número 8 en los laterales hacía su paseo definitivo hacía la victoria. "Fue un toque de carrera", le dijo el múltiple campeón al diario El Patagónico en aquella ocasión. Por su parte, el Comisario Deportivo Horacio Fita no encontró motivos suficientes para sancionarlo por la maniobra que desató la polémica.

"Acá en Comodoro todos los aplauden y es su ídolo, pero no puede correr más. No solo me tiró a mí, también está acá Fernando Lacrouts que se vio perjudicado. Si no hay sanción, en Las Heras me la voy a cobrar. Lo voy a volcar, y me vuelvo a mi casa", le comentó con notable enojo Arias al mismo periódico.

Moratinos fue a la ceremonia del podio, escoltado por Andrés Castro y Cristian Bezunartea. Sin embargo, la cosa que no quedó ahí. Lacrouts realizó una denuncia objetando un elemento del auto del ganador: el tamaño de los números laterales.

Aunque parezca algo de no creer, la numeración está reglamentada y ahí encontraron la anomalía, ya que tanto los ploteos de las puertas como los de la trompa eran más chicos que lo establecido en la normativa. Más allá de que no incide en la performance, la letra fría del reglamento es la que dicta justicia en cuestiones técnicas.

De esta manera, el “Indio” fue desclasificado y el triunfo quedó en manos de Castro, seguido por Bezunartea y Maximiliano Arias. "Fue una jugada sucia porque en la pista no me pudieron ganar. Estoy muy amargado, no saqué ventajas por eso, pero reconozco que estoy fuera de reglamento", le manifestó el hombre que llegó a correr en Supercart a El Patagónico luego del fin de semana.

"Me denunció Lacrouts, al que yo le gané la serie el sábado, porque el número que tengo al costado en la puerta no tiene las medidas reglamentarias. Tiene que tener 30x30 y el que yo hice es 20x20. No me di cuenta, pero está nuevo, es visible el número. Además, en la trompa tenemos que llevar el número chiquito de 15x15 y el mío es 10x10", agregó.

Moratinos fue punzante al decir que sus rivales no aguantaron que les haya mojado la oreja. "Me querían echar. No les gustó que el viejito los cague a palos, pero bueno me la tengo que bancar. No me alcanzaron a revisar el auto porque cuando entró la denuncia me estaban por revisar el auto", sentenció.

En aquel momento, los rumores corrieron como reguero de pólvora. Se habló de “vendetta”, de presiones al Comisario Deportivo por un fallo localista ante una maniobra evidente, etc. Hoy con el paso del tiempo aquella definición quedó como una anécdota y el “Patagónico Volador” podrá contar, entre las historias de sus catorce títulos, que un domingo en el “patio de su casa” lo echaron por el tamaño del número.

 

Fotos crédito: Cristian Arias y Diario El Patagónico