Se cumplen 70 años del primer festejo argentino con Gálvez frente a los europeos

Un día como hoy, pero de 1949, Oscar Gálvez le ganaba a los grandes pilotos europeos con los autos de Grand Prix que gestarían la Fórmula 1, en el callejero de Palermo.

El 6 de febrero de 1949, la Argentina albergaba el segundo Gran Premio de esa temporada con Autos Especiales –con los que un año más tarde se conformaría la Fórmula 1- con la visita de las grandes figuras mundiales, como Giuseppe Farina, Luigi Villoresi y Alberto Ascari, y Oscar Gálvez sorprendía con un triunfo épico bajo un diluvio y frente a una multitud que fue testigo en el circuito callejero de Palermo, hace 70 años, de la primera victoria de un piloto argentino frente a los europeos.

Es uno de los grandes hitos del deporte argentino. Juan Manuel Fangio, Oscar Gálvez, Benedicto Campos, Clemar Bucci, Adriano Malusardi, Tornquist, Alfredo Pian y Victorio Rosa, fueron los anfitriones que parecían destinados a un papel de reparto, para que los ases de Ferrari, Maserati y Alfa Romeo de aquellos tiempos se florearan en “la América”.

Ese domingo por la mañana, Julio Rosso -uno de los socios junto a Ernesto Petrini de Oscar Gálvez en la compra del Alfa Romeo 3.800 con el que corrió el porteño esa carrera- visitó al piloto antes de la carrera y le comentó: “El italiano que hoy gane le va a sacar dos vueltas al mejor argentino…”. El ídolo del TC coincidió en la intimidad con aquel pronóstico.  

Una semana antes había sido triunfo europeo, en el mismo lugar, con Ascari y Villoresi adelante. Gálvez completó el podio, delante de Fangio y el Príncipe Bira. Una huelga de los diarios y revistas privó de la promoción y de la cobertura de la carrera del 6 de febrero, alrededor del Lago de Regatas de Palermo. Sin embargo, los detalles de las crónicas que se publicaron un mes más tarde no solo hablaron de la hazaña del “Aguilucho” sino también de la impresionante cantidad de gente que desbordaba los límites del circuito y que no se movió de su lugar con semejante aguacero.

 

Oscar priorizó no clasificar. Había sentido “duro” el motor del Alfa, que había fallado la semana anterior. Subía aceite en el primer cilindro y lo habían desarmado para resolver el inconveniente. El sábado 5, mientras la actividad oficial arrancaba en Palermo, el carismático piloto de Caballito ablandaba su máquina en San Isidro. Al día siguiente, los preparativos fueron minuciosos. La lluvia era intensa desde temprano y no podía sorprenderlo. “Llovía como nunca y yo nunca había corrido bajo el agua con un auto de pista. Los cromados estaban impecables y daba lástima arruinarlos. Por la mañana blindé el magneto y tapé todas las bujías. Eso no se iba a mojar seguro...”, contó.

“Tito” (como también lo apodaban) procuró ocuparse de las cuestiones conductivas a falta de cada vez menos tiempo para la largada: “Recorrí el circuito y lo estudié a fondo. Me fijé cuáles eran las partes de cemento, donde el auto iba a andar firme y le podía dar, y las de alquitrán, donde seguramente iba a patinar…”. Todo calculado. Menos el triunfo: “Jamás pensé que podía ganar”.

No bien se largó la carrera volvió la lluvia que había dado una pequeña tregua. Oscar Gálvez llevaba dos pulóveres y estrenaba una careta de celuloide que le había prestado su amigo y mecánico Ricardo Carú. Era larga y no entraba aire, por lo que se le empañaba y le dificultaba la visibilidad. Las condiciones eran complicadas y el promedio de velocidad apenas alcanzaba los 100 km/h.

Al protagonista de la historia le fascinaba ese circuito e ir a fondo por debajo de los árboles. El público trepado en las ramas estaba expectante con el arranque. Fangio y Gálvez se ubicaban enseguida detrás de Ascari y Villoresi, que se alternaron la punta, en las primeras vueltas. Farina no le daba respiro desde atrás. En la séptima vuelta, se produjo el primer momento de emoción. Se le movió la Maserati a Villoresi y Fangio improvisó una maniobra que terminó en trompo del argentino. El italiano abandonó poco después.

Farina pudo superar a Gálvez, aunque el local no se rendiría. En la vuelta 20, y a 10 del final, el “Aguilucho” puso su Alfa a la par de la Ferrari de Farina. El italiano la acelero y se fue contra el cordón. Allí rompió la dirección y debió abandonar. La diferencia con el líder era de unos 6 segundos y a partir de allí comenzó con la dramática persecución. En la vuelta 25, Ascari hizo señas al paso por su box. Lo imposible estaba al alcance de las manos. El caño de escape del joven italiano terminó de soltarse y una vuelta más tarde, Gálvez lo superó en plena recta. Fue un estruendo lo que provocó en el público. Delirio en Palermo. Un argentino era puntero.

Ascari abandonaba. Y Fangio quedaba segundo a casi medio minuto. El público amenazaba con invadir el circuito. Y Juan Gálvez por radio alarmaba a la gente pidiendo que no ingresara a la pista porque su hermano venía sin frenos. Una mentira que intentaba frenar la locura de un público que vivía uno de los momentos que cambiaría al automovilismo argentino para siempre.