TC: En una carrera los tripulantes de un auto fueron tres

Ocurrió en la Vuelta de Tandil de 1980 y el Chevy de Héctor "Laucha" Ríos tenía tres integrantes

El Turismo Carretera a lo largo de su rica historia ha dejaddo mucha tela para cortar.

Infinidad de anécdotas a lo latgo de 70 años por los distintos circuitos del país han enriquecido el folklore que la hace la categoría más popular.

Una de ellas ocurrió en los comienzos de 1980 cuando se disputaba la vuelta de Tandil, obviamente en un tarzado rutero, como se utilizaban en aquellos tiempos.

El piloto no era otro que el querido Héctor "Laucha" Ríos, otro piloto de la "Cuna de Campeones", Arrecifes.

Ríos había sido gran escudero de Carlos Alberto Pairetti, gran colaborador y amigo del "Loco" Di Palma y entusiasta del TC que lo tenía ya como piloto en ese momento.

Por entonces era todo un ritual en los pueblos, prepararse el auto con  la gente que daba una mano, las peñas, infaltables amigos y las mascotas dentro del taller.

Por caso, el "Laucha" tenía un gatito gris, curiosamente no debería congeniar muy bien con el apodo, que vivía en el taller donde se alistaba la cupé Chevy amarilla con la leyenda de SMATA en su trompa.

Su acompañante no era otro que el recordado Juan Carlos Del Río, el hombre de los carteles publicitarios en los circuitos, que se ponía en la butaca derecha para largar la serie en el majestuoso trazado de 32 km.

A punto de largar, Héctor Ríos, escucho un ruido extraño en su auto, sin determinar a ciencia cierta que era, miró a su acompañante con cara de preocupación.

Pero para sorpresa del "Laucha" el otro del Río sonrió y le dijo:

"Acelerá el motor ahi viene el Comisario Deportivo y tenemos que largar, dale no des bola".

Ríos escuchó nuevamente el ruido raro, oyó un ronroneo, que no venían precisamente del motor Chevrolet.

Laucha Ríos

Volvió a mira a su acompañante y vio con inmensa sorpresa la cabeza del gatito que asomaba  dentro del buzo de su amigo acompañante.

¡Sacá ese gato de acá!, nos van a echar, exclamó con furia el piloto.

¡No puedo ya está, pobrecito, acelerá que largamos!!!!!, contestó Juan Carlos.

Le daban el vía libre.....con el gato a bordo, cualquier broma con la cabellera del piloto está de más, y el pequeño felino viajaba a casi 270 km por hora con los otros dos tripulantes y en las curvas lentas, Del Río, asomaba el pequeño animal por la ventanilla del auto, saludando a la gente que no entendía nada.

Cuando terminó la serie el gatito salió como estampida, hasta más rápido que "Laucha" Ríos cruzando la meta, y se refugió bajo el trailler del equipo no moviendose más por unas cuantas horas!!!