Alberto Canapino: se fue en su mejor momento

Ninguna muerte es oportuna. Y sacude aun más cuando interrumpe la plenitud espiritual y profesional. Como sucedió ahora con Alberto Canapino, que se fue de este mundo en su mejor momento personal, habiendo logrado en el último tiempo el equilibrio en su vida, a una edad justa para extender los éxitos de su fabulosa trayectoria como uno de los mejores técnicos de todos los tiempos en el automovilismo argentino.

Traicionero, el COVID-19 lo esperaba en su merecido descanso. Un hueco que le permitió el receso de tres semanas antes de entrar en la semana de definición del Súper TC2000, con el equipo oficial Chevrolet, y luego de la presentación del renovado Squadra Canapino del TC, Alberto se tomó unos días para recuperar energías en Cariló.

Al regreso de la Costa Atlántica, la alarma se encendió con un resultado de test positivo el 30 de enero. El 3 de febrero fue noticia en los medios especializados. Su diabetes le sumaba riesgo a la situación. También el padre de su pareja, Daniela, había contraído el virus. El arrecifeño no pudo asistir a la penúltima fecha del Súper TC2000, en el Autódromo de Buenos Aires. Tampoco pudo acompañar a su hijo Agustín, el miércoles pasado, en la primera puesta en pista en 2021 del Chevrolet de TC, en La Plata.

“Por suerte está bien, recuperándose de a poco”, contaba su hijo en el programa Escudería Carburando, la noche anterior. Internado en el Sanatorio Otamendi, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Alberto transitaba con algo de impaciencia y altibajos la enfermedad. Mientras Agustín se preparaba para la definición del campeonato del Súper TC2000, su padre entraba en la parte final del coronavirus, que suele ser la más crítica.

Durante el transcurso del fin de semana, empezó a padecer la falta de oxígeno. El rostro de Agustín en los boxes era elocuente. La preocupación excedía lo deportivo. A Alberto lo trasladaban por primera vez a terapia intensiva. Y el domingo hubo noticias duras. El suegro de Alberto había fallecido.

Pasado el mediodía de este lunes, el rumor comenzó a hacerse cada vez más fuerte. Y la confirmación llegó en primeras horas de la tarde. Alberto Canapino había fallecido a los 57 años.

Había logrado armonía en su vida después de tiempos turbulentos, en lo laboral y personal. Su hijo Agustín fue clave para enderezar el rumbo en los últimos años. Con el equipo de TC en Arrecifes, se reencontraron padre e hijo y recuperaron algo de tiempo perdido. Con esfuerzo aprendieron a trabajar juntos. Compartieron sus enormes conocimientos, cada uno en su materia.

Formaron una dupla letal en la pista. Ganaron tres campeonatos consecutivos de TC, que los sumaron al primero del 2010. Se deshacían en elogios el uno al otro. Se admiraban. Se conocían de memoria. Hasta festejaron un campeonato con Alberto trabajando desde su casa, cuando debió cumplir una sanción de la ACTC. Agustín absorbió toda la experiencia de su padre y hasta decidía en la puesta a punto. Los egos no participaban, a pesar de la fuerte personalidad de ambos. Y si había diferencias, de afuera no se notaba. Espalda con espalda, se hicieron más fuertes. Solo mostraban poderío hacia afuera.

Disfrutaban de la sociedad. Que se expandió al Súper TC2000, desde comienzos de 2020. En el primer año, pelearon juntos el campeonato con el Chevrolet Cruze oficial hasta la última fecha. Conformaron la Squadra Canapino de TC. Una empresa con tintes familiares. Y con un nuevo sponsor, fuerte, que les permitía lograr solidez y proyección a largo plazo. Además, con Matías Canapino, el hermano menor de Agustín, dentro del equipo en el TC Pista.

A pesar de su enorme historial y extensa trayectoria en el automovilismo argentino, Alberto Canapino transitaba por su mejor momento. Con armonía y estabilidad. Y con proyectos y ganas de seguir conquistando logros, junto a los suyos. Se fue temprano. Inesperado. Demasiado rápido. Como eran sus autos. Y deja un hueco enorme en el deporte motor. Se lo va a extrañar…