El Dakar, una burbuja sanitaria en medio del desierto

Los protocolos por el Covid-19 variaron ciertas costumbres tradicionales del Dakar. Los cuidados previos, durante y posteriores a la competencia.

La pandemia puso en jaque a la mayoría de las actividades en el mundo. La incertidumbre por el avance del Covid-19 hizo tambalear al deporte, hasta que de a poco encontró la forma de seguir hacia adelante. El Dakar no fue la excepción. Una competencia singular, inigualable, quedó a expensas de las complicaciones que arrastraron la nueva realidad mundial.

Si bien se manejó con cautela y siempre se elaboraron planes para llevar adelante el proyecto Dakar 2021, en las últimas semanas, producto del rebrote que sacude especialmente a Europa, dificultó notablemente el desarrollo del Dakar en Arabia Saudita.

 


 

 

Asimismo, el país de Medio Oriente cerró sus fronteras una semana antes del inicio de la carrera, lo que obligó a Amaury Sport Organisation (ASO), empresa que tiene a su cargo la organización del Dakar, salió de inmediato a disponer del vuelos chárter para el ingreso de los 3170 visados por el reino saudita para integrar el campamento Dakar.

Algunos se quedaron afuera y no pudieron llegar, como el caso del piloto chaqueño Carlos Verza, por ejemplo. Cada visitante llegó con los análisis PCR negativo efectuados en su lugar de origen (unos 10 días antes y el otro hasta 72 horas de vigencia).

Al llegar, cuarentena estricta durante 48 horas, nuevo análisis PCR, de los cuales 60 personas dieron positivo y fueron aisladas en la ciudad de Jeddah. Y el resto del campamento, rumbo a la aventura, bajo los protocolos dispuestos entre el Dakar y las autoridades árabes.

Nadie puede salir de los campamentos, por lo que todos, absolutamente, duermen en el bivouac. Está prohibido el contacto con los habitantes locales. Los equipos prefieren mantener a sus integrantes dentro de su lugar. Los pilotos comen y descansan en sus carpas o motorhomes.

En las zonas compartidas, la disposición de líquidos sanitizantes abundan. Y cada sector tiene divisiones. Un lugar clásico del Dakar es el comedor, donde habitualmente la comunidad dakariana se reunía por las noches a tomarse un momento de distracción, además de cenar, para intercambiar información o simplemente relatar anécdotas y vivencias.

Diariamente, se abastece a las cerca de 3000 personas con el desayuno, almuerzo y cena. A diferencia de lo que se realizaba habitualmente, ahora se entrega una bolsa de papel en la que se cargan los alimentos de cada comida, para llevarlos a las mesas correspondientes y así minimizar todo contacto para servir las comidas.

Todo eso fue reemplazado por boxes con pocas mesas, en las que sólo pueden estar ocupadas por no más de tres personas. Algo similar ocurre en la carpa de prensa, que ahora está dividida en tres sectores y cada mesa no puede contener a más de dos personas.

Respecto del control sobre el Covid-19 por parte de la organización, desde el área médica del Dakar se realizan 60 controles diarios, determinados al azar y entre aquellos que presenten algún síntoma, para controlar cualquier caso que pueda surgir pese a las medidas extremas. Hasta el momento, no se detectaron casos positivos. Apenas 11 casos en la previa de la competencia, cuando la organización también obligó a todfos los integrantes del campamento a realizarse la última prueba PCR antes de comenzar con la aventura.

La nueva normalidad que obliga a los cambios en la convivencia del campamento Dakar. Pese a la incertidumbre previa, y a los temores durante, el Dakar cumplió con su actividad, pese a la pandemia, bajo las estrictas normas sanitarias.