El lado menos conocido de Leli Bagnarelli

El piloto de Frontera charló con Fefo Camps y contó aspectos nunca revelados de su vida fuera del motociclismo.

Leandro Bagnarelli es reconocido por su trayectoria en el motociclismo. Sin embargo, esta vez Carburando indagó en el costado menos expuesto del joven piloto de Frontera, quien con sus más de 20 años comienza a darle forma a un futuro que lo separa un poco de las pistas.

“Hoy ya con 24 años estoy trabajando en otros proyectos. Me recibí el año pasado de martillero y corredor inmobiliario. Justamente, estoy por ejercer la profesión junto con un compañero que terminó conmigo. La idea es comenzar con una inmobiliaria y además, tenemos muchas cosas para hacer. Me abocó mucho a la cuestión laboral, pero no dejo de lado el motociclismo, que es mi pasión. Pero hoy con mi edad ya pienso más en el futuro y ojalá que toda mi vida pueda seguir corriendo en moto”, manifestó Bagnarelli en primera instancia.

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Y agregó: “Me encantaría ser un profesional del motociclismo, pero hay una realidad y también es una disciplina que demanda mucho presupuesto. Hoy gracias a Dios tengo la posibilidad de hacerlo por medio de mis sponsor, pero también hay que mirar hacia adelante, por lo cual estoy con varios proyectos. Eso me genera tranquilidad y me permite disfrutar más de cada una de las etapas que vivo”.

Fuera de su vida personal, el santafesino se refirió a la caída que le birló la posibilidad de quedarse con la victoria en la primera fecha de la R3 Cup en Buenos Aires. “Ahora puedo decir que estoy mejor y menos dolorido. Al margen de todo lo sucedido, estoy contento porque hemos arrancado la temporada de una muy buena manera, a pesar de que el resultado no fue el esperado”, explicó.

Más allá del aparatoso incidente, el hombre del René Zanatta Sport describió sus sensaciones al momento de producirse la ida al suelo. “La verdad es que no me asustó para nada la caída, ya que puede estar presente en cualquier ocasión, tanto en pista seco como en mojada. Lamentablemente, me encontré con un charco y pisé el piano interno del tobogán. Literalmente me sacó la moto de las manos y no podía hacer nada. Cuando pisé el agua, fue un instante donde la R3 desapareció y no me quedó otra opción, no pude salvarla. Cuando estaba tirado, era más la bronca que tenía, traté de calmarme, miraba la moto y pensaba que prácticamente faltaban dos vueltas para que termine. Me quedó bien claro que las competencias se terminan cuando bajan la bandera. Son cosas del deporte y esto nos da muchas más fuerzas para la segunda fecha”, puntualizó.

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En tanto, es indefectible comparar lo sucedido con el dramático accidente que protagonizó en 2018. “Si tuviese miedo, desde un principio hubiera tomado la decisión de no correr nunca más. Yo estaba internado después del accidente de 2018 y el panorama era muy complicado. El primer informe que tuvo mi viejo fue que a mí me podían colocar una prótesis, pero no podían dar garantías de que vuelva a caminar, porque sinceramente no sentía la parte inferior de todo el cuerpo. Tenía una lesión leve en la medula espinal. Con el pasar de los días fue evolucionando y las ganas de seguir corriendo eran increíble. Después me encontré con la realidad que era un problema muy grande y que la probabilidad de volver a la moto era difícil. Además, asumí que la caída había sido por un error mío”, aseguró.

Por último, Bagnarelli destacó que Zanatta fue una de las personas que colaboró para que pudiera volver al motociclismo. “René (Zanatta) fue una de las primeras personas que estuvo y que tenía la predisposición de ayudarme y También me ayudó a solucionar los problemas de inseguridad que yo tenía arriba de la moto. Desde aquel accidente, después tuve tres o cuatro caída leves, por lo cual consideró que esta fue la más fuerte. Gracias a él, disfrutó mucho de correr y de vivir cada competencia. Igualmente, tengo muy en cuenta que el riesgo está en todo momento”, concluyó.