Fue a las carreras en tren, a dedo y en la caja de una camioneta

Rene Zanatta le contó a Carburando parte de su historia. Su pasión estuvo rodeada de sacrificios. Hasta vendió sus trofeos para poder correr

A pocos días de cumplir 63 años, Rene Zanatta se sigue codeando con lo que más le gusta. La velocidad. Desde pequeño arrancó en el motociclismo hasta llegar y ocupar un lugar en el automovilismo. Toda su vida estuvo y está dedicada a este deporte que como manifiesta “nunca me fue fácil, todo fue un sacrificio”. Acá parte de su historia.

El amor por las motos

“Lo del motociclismo fue de chico. Mi familia toda la vida estuvo dedicada a la moto. Mi viejo y mis hermanos también. Recuerdo que mi mamá, cuando era pequeño, me lleva ara todos lados en su moto”.

El accidente de su papá

“Cuando yo estaba por cumplir 6 años mi papá estaba jugando conmigo en un balneario. En un momento resbaló y cayó mal. Esa caída lo dejó de la misma manera que Andrea Vianini. Fue un momento terrible. Cuando llegó el momento de mi juventud tuve que salir a trabajar rápidamente. Desde ahí lo hice toda la vida”.

La primera moto

“La primera moto de carrera que compré lo hice con la plata de una rifa que organizamos. Me ayudó gente y lo pude lograr. Así arranque”.

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Viajar a dedo

“Una vez tenía que ir a competir a una carrera de motos y no tenía como ir. Me fui con la moto a la ruta y me puse a hacer dedo. Paró un camión que llevaba piedras y me cargó. Pusimos la moto arriba de las piedras e hicimos 160 Km. En otra oportunidad tenía que ir a Alta Gracia y me fui en colectivo. La desarme y la puse en la baulera. Después un fletero que agarré en la terminal me llevó hasta el autódromo”.

Tirado en la caja de una camioneta y el viaje en tren

“Hay otros dos momentos que recuerdos para ir a una carrera. Uno cuando tuve que ir al Chaco y fui acostado con la moto en la caja de una camioneta. Algo impensado en estos tiempos, una locura. La otra fue a Santiago del Estero. Espere el tren que pasaba por Rafaela y me fui con la moto”.

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Vender los logros para seguir corriendo

“Muchas veces me pasó que llegaba el momento para ir a correr y no juntaba la plata para viajar. Fue ahí donde decidí vender los trofeos que había ganado para poder seguir compitiendo. Lo hice tanto en las motos como en los autos. Un día dije basta”.

De las dos a las cuatro ruedas

“Cuando decidí pasar a los autos fue porque necesitaba crecer y buscar nuevos objetivos. Empecé con Tulio Crespi en la Fórmula. Luego llegó el momento del auto con techo y me involucro en el Club Argentino de Pilotos. Debuto en Rafaela y gano esa competencia. Después pasé al Turismo Nacional donde salgo campeón dos años seguidos”.

La llegada al TC 2000

“Luego del TN me llaman para correr en el TC 2000, había que poner plata, y lo hice un par de carreras. Después me quedué un  largo rato en la categoría”.

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 Las Sierras amarillas

“Sin dudas que esos autos fueron los que más me identificaron. Primero la Coupe y luego el cuatro puertas que ahora lo recuperé y lo estoy armando. Ese auto estaba en Mar del Plata“.

Los peores autos

“Los dos autos más malos que me tocaron para manejar fueron el Kadett y el Tempra. Nos costó mucho desarrollarlos, no teníamos presupuesto, no teníamos apoyo y se hizo lo que se pudo”.

Nueve triunfos

“Todas las victorias son lindas pero la primera siempre es especial. Igualmente tengo otra guardada que fue la de Oberá donde llegue a la grilla con una falla y casi me voy a boxes. Decidí quedarme y seguía fallando. En la vuelta previa pensé en parar y en la última curva se limpió y gané la carrera. Fueron momentos muy lindos en la categoría porque luché, con poco presupuesto, contra grandes estructuras y con nombres muy importantes. Estuve cerca del título pero no se dio”.

Su paso por el TC con las cuatro marcas

“En Turismo Carretera me faltaba correr con Torino y una vez que vino a Rafaela le pedí autorización a la ACTC para poder hacerlo y retirarme definitivamente. Me dieron el ok y lo hice con el Toro del Flaco Benavidez”.

El retiro

“Estaba en una carrera de TC con Rodolfo Di Meglio, en Buenos Aires, y viene el “Profesor” Juárez a decirme que era el más rápido en dos parciales. Al rato llega la planilla y era verdad, pero en la vuelta completa estaba 40 a más de un segundo. Ahí me dije que estoy haciendo acá. Lo pensé toda la noche y el domingo cuando venía corriendo la final se me rompe el auto. Llegué como pude a los boxes y al bajarme me esperaba mi hija Gisela. Le di el caso y le dije no corro más. Así fue, así terminó. A eso había que agregarle la edad”.