La Otra Mirada: parece interminable y no es el parate más extenso

Casi 6 meses sin carreras, pero no es el mayor lapso de inactividad del automovilismo nacional. ¿Qué hacían los pilotos? Mirá el informe en La Otra Mirada:

La cuarentena, o el distanciamiento social, preventivo y obligatorio producto de la pandemia por el Covid 19 le puso el freno de mano al automovilismo en la Argentina. Pasaron 5 meses y 21 días para el regreso de la actividad. Parece una eternidad, con casi medio año con los motores en silencio. Si esto fue un largo proceso, lejos está del mayor parate que sufrió el deporte motor en el país.

La temporada 2020 quedará en la historia. Pero pese a la sensación de interminable experiencia con el aislamiento y sin ruido en los autódromos entre marzo y septiembre, no fue el mayor período de inactividad automovilística en la historia nacional.

Mirá el informe de La Otra Mirada:

 

En la década de los años 40 se padecieron 5 años sin competencias automovilísticas. La Segunda Guerra Mundial provocó que entre 1942 y 1947, en la Argentina se prohibieran las carreras. Pocos imaginaron aquel 3 de mayo de 1942, en el Premio de Mar y Sierras de Turismo Carretera, que habría que esperar un lustro para volver a disfrutar de una competencia. El decreto presidencial determinó que se silenciaran los motores.

¿Qué tenía que ver la Gran Guerra con la detención de las competencias en la Argentina? La escasez de productos automovilísticos empujó a la antipática decisión. No se conseguían neumáticos. El valor del caucho tomó tal ascenso que algunos pilotos se dedicaron a comprar vehículos sólo por las cubiertas. Uno de ellos fue Juan Manuel Fangio, que se dedicó a la adquisición de camiones. Algunos colectivos les cambiaron las ruedas por las de tranvías para que circularan sobre los rieles de las calles porteñas.

El combustible estaba restringido y se controlaba la venta mediante tarjetas, que eran poco generosas con la disponibilidad. “Nos estamos oxidando”, solía decir Fangio, que extrañaba el vértigo. Su amigo Oscar Gálvez se dedicó a competir en lanchas, disciplina que no estaba prohibida. “No es lo mismo, pero es una forma de sentir la velocidad”, le explicaba.

No sólo caucho y combustible faltaba en el país. Su principal cliente y proveedor, la debilitada Gran Bretaña, obligó a la Argentina a adaptarse a nuevas circunstancias de escasez.

Ante la falta de elementos en los talleres, para los vehículos convencionales, apareció el ingenio local para arreglar con lo poco que había. Y allí surgió la popular frase “lo atamos con alambre”, en alusión a las improvisadas soluciones mecánicas.

El 2 de septiembre de 1945 finalizó, de manera oficial, la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, las consecuencias económicas continuaron.

Si bien en 1946 se desarrollaron varias competencias clandestinas en distintos puntos del país, finalmente, en 1947 el Turismo Carretera promovió el regreso. La preocupación era extrema. El automovilismo había perdido terreno frente a otros deportes, como el fútbol. De todas formas nadie imaginaba que la época dorada del deporte motor estaba aún por vivirse.

El 26 de octubre se realizó la Doble Vuelta Sierra de la Ventana, a modo de preparación para el Gran Premio Internacional. Tanto en la última carrera de 1942 como en la primera de 1947, el triunfo fue para Juan Manuel Fangio.

Previo a este lapso tan extenso, en 1941 el TC pasó 241 días entre las 12 Horas de Rafaela, en enero, y la Vuelta de Añatuya, en agosto. Y la última experiencia similar fue en 2009, cuando por la Gripe A el automovilismo estuvo inactivo casi por dos meses.

Historias de motores silenciados y pilotos de a pie. Cuando el mundo del vértigo y la velocidad se detuvo en la Argentina, a la espera del regreso de la adrenalina de la gran pasión. Épocas de la parada obligatoria de lo atamo con alambre.

Historias del automovilismo nacional, con el freno de mano impuesto.