La Otra Mirada

La vidente y el misterio del auto de TC

El vaticinio de una señora a un piloto de TC, un auto accidentado alq ue fueron a buscar y ya no estaba. Mirá esta particular historia en La Otra Mirada.

La vidente y el misterio del auto de TC
La vidente y el misterio del auto de TC

Premonición, una vidente. El destino del hombre. Y el misterioso destino de un auto que protagonizó un momento trágico del Turismo Carretera.
Una historia que vinculó a la muerte, al consejo que el tiempo le dio la razón, una mujer que veía el futuro y las llamas que transformaron en ceniza el dolor.
Octavio Suárez presidió a la Asociación Corredores Turismo Carretera durante más de una década. Asumió en enero de 1974. Más allá de su fuerte personalidad y de métodos que para algunos eran cuestionables, fue responsable de virajes importantes en la historia del TC. Uno de los más importantes, la fuerza que consiguió para enfrentar al Automóvil Club Argentino (ACA) y originar la autofiscalización para el Turismo Carretera.


Más allá de estar sentado detrás del escritorio, los fines de semana se calzaba el buzo y el casco para continuar con la pasión de la velocidad. Pese a su largo historial en la categoría, n abundaban las victorias. En el último tramo de su carrera deportiva se empecinó en alcanzar el triunfo.
Fue así que en 1984 el éxito le era esquivo. Llegó la fecha en Santiago del Estero, y Octavio, que tenía en su Dodge la posibilidad de ganar, pese al potencial de Roberto Mouras, que finalmente se consagraría campeón.
Algunos sostienen que las brujas no existen. Pero que las hay, las hay. Y en esa provincia, Octavio fue a visitar a una señora, a la que quería consultarle por su vida privada, ya que había perdido a un hijo y a su esposa.
Finalmente ese 2 de septiembre de 1984 se impuso en la Vuelta de Santiago del Estero. La vidente tenía razón. Finalmente llegó esa buscada victoria, la quinta en su campaña en el TC.
Pedro Suárez, hermano de Octavio, era el histórico acompañante en la Dodge. De allí que se los conocía como los “Hermanos Suárez”. Pero Octavio fue prudente y a modo de presagio le advirtió: que no podían continuar juntos: “Alguno de los 2 se tiene que bajar. Porque si algún día nos pasa algo, uno al menos quedará para ocuparse de las cosas que tenemos en común”.
El tiempo le dio la razón. Pedro vio desde abajo el triunfo de su hermano. Pero quince días después de aquella jornada gloriosa de Santiago del Estero, también vio desde abajo la tragedia.  Se organizó la Primera de Benito Juárez, en el pintoresco circuito semipermanente de Tandil.
Allí corrió con Néstor Torres, en lugar de su hermano Pedro. La Dodge finalizó en el quinto lugar la serie, y partió la final desde la 5ª fila, a la par de Oscar Aventin.
Sobre la Ruta N°74, el auto de Suárez se despistó, realizó varios tumbos y quedó con las ruedas hacia arriba. Torres pudo salir por sus medios, pero Octavio no pudo. El auto derramó parte del combustible y comenzó a incendiarse, con Suárez adentro.
Tiempo después, Pedro entregó el motor, la caja y el diferencial a Oscar Angeletti, que con esos elementos salió campeón en 1986. Y el resto del auto, ordenó enterrarlo. Pero, ¿qué sucedió con la Dodge?
Pedro::::
Una historia de presagios, vidente, decisiones asombrosas y la tragedia, como eje principal. Los Hermanos Suárez. Con Octavio, uno de los principales presidentes que manejó los destinos del Turismo Carretera, que no pudo contra su propio destino. Le salvó la vida a su hermano, y con el tiempo, apareció el misterio de aquel auto tendría que haber estado enterrado, y nadie sabe de él.

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