Y UN DÍA DI PALMA NO QUISO CORRER

Suena raro, hasta diría ilógico, pero fue así. Unos de los más grandes ídolos que ha dado el deporte motor argentino fue el genial Rubén Luis Di Palma. El “Loco” era sinónimo de automovilismo y su pasión por los “Fierros” saltaba a la vista. Nacido en la “Cuna de Campeones”, Arrecifes, Luis vivía para y por el auto de carreras. La historia se remonta a 1994, una época rara en el automovilismo nacional, ya que como en estos últimos tiempos se había formado una grieta televisiva con dos canales que televisaban las carreras. El TC estaba por un lado y en la vereda de enfrente una categoría con autos similares salvo en la motorización y en los aditamentos aerodinámicos, el Supercart. Esta categoría era la alternativa a todos aquellos que no querían o no podían correr en el Turismo Carretera. La plantilla de pilotos del Supercart estaba muy fuerte con Luis Di Palma luciendo el 1 de Campeón en su Torino, sus hijos Marcos y Patricio, Tito Bessone, Silvio Oltra, Hugo Olmi, Carlos Crocco, Henry Martin entre otros. Es raro pensarlo pero era tal cual lo expresan los colegas Raúl Gattelet y Oscar Giacone en su libro “Por siempre Di Palma”, Luis tenía gran admiración por Ayrton Senna, a quien había conocido en un Panamericano de Karting cuando corría José Luis Di Palma. Aquel 1 de mayo había carrera de supercart en Santa Rosa, La Pampa. A la hora del Gran Prix de San Marino de Fórmula 1 en Ímola, se corrían las series. En ese entonces no había ni TV satelital, ni whats app , ni señal de teléfonos celulares que valga, de modo tal que nadie podía enterarse de lo que pasaba en el otro lado del mundo. Terminaron las series, los autos estaban en la técnica y los pilotos descansaban en sus respectivos boxes. Al periodista le comunicaron la noticia. Su ídolo, Ayrton Senna se había accidentado fuertemente y decían que estaba muerto. Estremecido apenas levantó la vista vio sentado dentro de su box al otro ídolo, Rubén Luis Di Palma. El periodista era Diego Zorrero y no dudó en ir a contarle la noticia antes que al resto buscando tal vez una palabra de consuelo. La cara del “Loco” estaba relajada fiel a su costumbre. Luis era un tipo que había pasado todas y difícilmente algo pudiera estremecerlo. Sin embargo la cara, al recibir la infausta noticia, se le transformó. Siguió sentado en la misma silla, pero mirando al piso. Algunos minutos después le dijo a sus mecánicos que no fueran a buscar el auto a la técnica porque no iba a correr la final. Pasó más de una hora, se acercaba la final, y Di Palma seguía con la misma postura. Había cambiado el box por su motorhome Los organizadores de la carrera hablaron con él le pedían que corra. Había mucho público y la mayoría había ido a verlo a Luis. Faltando 20 minutos para largar, luego de consultarlo con sus hijos, decidió correr. El auto por las dudas ya estaba en el box listo para salir a pista. Luis se acercó al auto en silencio, se puso el casco, no se puso los guantes y salió a la pista. Largaba adelante, como siempre. Su carrera fue una de las más cortas de su campaña. Transcurría la primera vuelta y entrando en la recta principal del autódromo del aero club pampeano, pasó de segunda a tercera marcha, pero cuando tenía que calzar la cuarta, decidió mandarle primera y se rompió el motorl motor Tornado de su Torino, dejando humo blanco por el escape. Pasó frente a los boxes con el envión y el motor en silencio deteniendo su marcha al finalizar el paredón. Bajó del auto y sin sacarse el casco enfiló para su box; El periodista le preguntó qué había ocurrido. El fantástico Loco solo dijo: "Hoy estoy enojado con las carreras de autos. No quería correr.” Fuente: Diego Zorrero, Periodista de automovilismo y "Por Siempre Di Palma" libro escrito por los colegas de Arrecifes Ráúl Gattelet y Oscar Giaccone, página 304.