Canapino, el fantasma del TC

Agustín Canapino termina una década llena de logros. Es el referente del automovilismo y cada vez que participa de una definición mete miedo

A esta altura de su carrera es muy difícil seguir encontrando palabras que califiquen al campeón del Turismo Carretera. Lo realizado por Agustín Canapino, una vez más, ya superó la capacidad de asombro. Lo del arrecifeño sigue siendo titánico. Ayer, luego de sufrir en la previa, volvió a conquistar otra corona en la categoría más popular y sumó su cuarto título en el TC.

El 2019 fue de mucho trabajo tanto para el como para todo su equipo. En varias oportunidades, dentro del desarrollo del calendario, los malos rendimientos no iban de la mano con la realidad. Su Chevrolet estaba para otra cosa pero por diferentes motivos, a la hora de mirar los resultados, dejaba preocupación y esa preocupación pasaba por quedar afuera de la Copa de Oro. Cabe recordar que a una fecha de la finalización de la etapa regular Canapino no formaba parte de los 12 mejores. De hecho hasta cambiaron de auto. Pero más allá de eso hay una cosa que nunca se puede hacer. Descartar a Canapino. Fue la competencia de Villicum, en San Juan, donde consiguió un tercer puesto y logró introducirse a la Copa.

Pero no todo era felicidad dentro de la estructura. Días después llegaba la peor noticia. Alberto Canapino, el alma mater del grupo, era suspendido por tiempo indeterminado y no podía concurrir a los circuitos. Fue un golpe duro, pero a su vez fue una inyección de impulso para ir en búsqueda de la gloria. En la Copa de Oro Agustín fue contundente. Ganó dos y en las otras llegó segundo y cuarto. El peor resultado fue el puesto 13 en Paraná.

La parte final fue decisiva para llegar al cuarto logro. Su papá Alberto, desde el living de su casa, fue el conductor online. Sus alumnos en el circuito hicieron todo al pie de la letra y “el chofer” ya sabemos lo que entrega. Agustín Canapino, ilustrativamente, sigue siendo el fantasma del TC pero con una gran diferencia. Agustín existe. Y su existencia, en cada definición, mete miedo.

Fotos: ACTC, Agencia VA