Compró un TC y cuando llegó al taller, el motor estaba vacío

Cuando Jorge Oyhanart compró su primer auto de TC, para debutar en la categoría, se encontró en el taller que el motor no tenía los elementos.

Jorge Oyhanart se convirtió en uno de los protagonistas importantes del Turismo Carretera. El Vasco de Pilar fue un referente para los hinchas de Ford y llegó a la categoría luego de su paso por el TC del Oeste. En el TC fue subcampeón y ganó en seis oportunidades. En dialogo con Carburando, Oyhanart contó parte de su historia dentro del automovilismo.

La compra del TC y el motor sin las piezas

“Salgo campeón del TC del Oeste y mi idea era progresar en el automovilismo. Fue ahí donde decidimos encarar un proyecto en el Turismo Carretera. Primero quisimos comprar el auto que terminó siendo de Eduardo Marcos por no llegar con la plata. Después aparece un Ford en Carmen de Areco y me acuerdo que lo pagamos en ese momento 5 mil dólares. Lo cargamos y lo llevamos al taller. Cuando estábamos en Pilar desarmamos el motor para verlo y estaba vacío. Me quería morir. Le faltaban los balancines, las válvulas, la tapa era mala, no tenía bielas  y no estaba el cigüeñal. Ahí quedamos fundido porque quisimos anular los cheques y no pudimos. Quedamos en la lona. Dejamos guardado el auto en el taller y seguimos un año más en el TC del Oeste, armando autos, para juntar plata para hacer el motor de TC. Nos recuperamos y armamos el motor”

El segundo intento, tampoco salió

“Cuando quisimos debutar en el TC fue en Olavarria. Viajamos hasta allí y cuando llegamos nos dijeron que no podíamos correr. Nos dicen que teníamos que hacer una prueba para poder participar. Nos negamos hasta que apareció Octavio Suárez que con su voz no dice: “Pibe vos serás capo en el TC del Oeste pero acá no”. Agarramos las cosas y nos fuimos”.

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La prueba, el choque y el nombre de “El Chueco”

“Al no poder correr en Olavarria esperamos la carrera de Buenos Aires. Fuimos hacer la prueba y teníamos que hacer un tiempo de dos minutos y monedas. Lo hicimos de pedo pero ingresamos. Se largó la competencia y veníamos últimos y cómodos. Al llegar a la “S del ciervo” hace un trompo el “Tingo” Fernández, que quedó cruzado, y no lo puedo esquivar. Le pegue tan fuerte que mi auto quedó roto y todo chueco. Ahí le pusimos al Ford " El chueco". Después con ese auto terminé ganando las seis carreras en el TC y es el que hoy está en el Museo del Mouras”.

Junín, la primera

“Mi primer triunfo se da en la Vuelta de Junín. Recuerdo que antes de esa fecha viene un amigo, Roberto Beco, y me pregunta  que hace falta para poder pelear por una carrera. Ahí le digo que había que ir del Polaco Herceg para comprar un cigüeñal porque el que estábamos utilizando nosotros no servía. Fuimos a verlo pero en ese momento sucede algo. Entra el Flaco Traverso caliente porque el auto que le atendía Miguel no estaba funcionando. Pega un portazo, se rompen unos vidrios y se armó un lio bárbaro. El Polaco lo rajó al Flaco y yo miraba ese auto porque me parecía que estaba mejor que el mío. Ahí José me pide que lo corra. Cuando a salí a probarlo era una porquería. No andaba derecho ni poniéndolo sobre rieles. Andaba tan mal que le pedí a mi acompañante, Roberto, que se baje porque era peligroso. Fui a Tandil y me pegué una piña tremenda. No sirvió más el auto. Lo que si me había quedado era que el motor andaba muy bien y le dije al Polaco que iba a trasladar ese motor al Ford mío. ¿Estás seguro?, me pregunto. Si. Fuimos a Junín y gané mi primera carrera”.

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Ganar en el coliseo porteño

“En Buenos Aires gané cuando le cambiaron el nombre al autódromo y le pusieron Oscar Galvéz. Gané muy bien. Ganar en Buenos Aires era tener un pergamino muy importante. La otra importante era Balcarce. Ahí también se disfrutaba”.

“No me vendas que no soy Luaces”

“Carlos Luaces me había alquilado un auto y estábamos en Balcarce. Salgo a entrenar con mi Ford y meto el segundo tiempo. Cuando llega su turno lo veo que no estaba cambiado. Probalo vos me dice, porque tenía miedo que le haya entregado un auto malo, y lo hago. Salgo y meto el tercer registro. Cuando paro veo que viene por la nota el periodista Hugo Daniel pensando que era Carlos. Automáticamente le grité “petiso” no me vendas pero no soy Luaces”.

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Su paso por el TC

“Fue muy importante. Cuando estas activo no te das cuenta, pero con el correr del tiempo ves que la gente te sigue reconociendo y es ahí donde tomas dimensión de lo que hiciste”.

Su retiro

“Me fui desactualizando y fuimos perdiendo rendimiento. La evolución me fue pasando por arriba y yo no contaba con plata para avanzar. Cada fin de año le debía una parva de plata al banco. Eso me fue cansando y abandoné”.

Su viaje a Daytona

“Fue lo mejor que me paso. No conocía Estados Unidos, era mi primer viaje, y me quedé en el taller donde estaban los autos casi un mes. Ahí me di cuenta que ellos a los vehículos los preparan en los circuitos. Al taller no le dan mucha importancia. En cuanto al auto que utilizamos tenía muchos problemas y por boludeces se paraba. Igual la experiencia fue muy linda”.

La falta de ídolos

“Hoy no salen ídolos en el automovilismo porque un piloto gana y en la próxima carrera está 43. La gente no entiende nada. Antes,como era por tiempo, largabas último y tenías posibilidades de ganar. Ahora largas en la fila tres y no cobras”.

El Titán, el elegido

“Hoy el más regular de todos en la actualidad es Agustín Canapino. Encima tiene a su papá dedicado al ciento por ciento con un grupo muy prolijo que hacen diferencia. El resto va y viene”.