Con Mangoni volvió a ganar la vieja escuela del TC

La victoria de Mangoni hace acordar a la vieja época del TC. Hacen peñas para juntar dinero, tiene pocos colaboradores y algunos van por pasión

Para la familia Mangoni fue un domingo distinto y muy especial. Desde muy temprano Santiago, junto a su papá Tulio y su mamá Maria Ines, que siempre lo acompañan, estuvieron ubicados en su box. Presentían que lo que tanto estaban buscando estaba a la vuelta de la esquina. Ganar su primera carrera en TC. Los primeros mates de la mañana se pusieron en marcha y con ellos comenzó a trabajar el motor de la ilusión. Sin dudas que por lo hecho en lo previa había mucha alegría pero también se notaba que, por todo lo que faltaba encarar, había tensión, Los nervio lógicos por partir en la primera fila de una serie se notaban. La ansiedad se iba metiendo en cada uno de ellos. En poco más de siete minutos la primera victoria en series llegó y Mangoni se sentía cada vez más candidato. Sabía que el rival era José Manuel Urcera. Lamentablemente para el piloto del sur se complicó cuando ingresó del auto de seguridad. En el equipo de Santiago se festejó como un gol a nada de terminar un partido. El máximo candidato, Urcera, ya se perdía de estar en la primera fila de la final.

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A la hora 13 llegó el momento de salir a pista para completar la cuarta fecha del Turismo Carretera. Santiago Mangoni, junto a Gastón Mazzacane, largaban delante de todo el pelotón. Al llegar a la grilla, el balcarceño se bajó de su Chevrolet y compartió ese momento con su pequeño grupo de trabajo. Los periodistas lo buscaban porque era el que ocupaba el mejor cajón de partida. Daba notas, caminaba por el costado del auto, respiraba profundo, y reconoció que había una presión lógica. Quería que ese tiempo de espera pase rápido para meterse en el auto y enfocarse en la carrera. Luego de la vuelta previa, donde daba la sensación de que quería pasar hasta el Pace Car, la competencia se puso en marcha. Mangoni fue contundente. Ganó de punta a punta y no cometió errores. En su box, durante las 30 vueltas, no volaba una mosca. Todo era nerviosismo. Para ellos fue la carrera más larga de la historia. No terminaba nunca. Recién en el último giro los ojos de sus papás comenzaron a inundarse de lágrimas. La descarga emocional era inmensa. Miles de cosas pasaban por sus cabezas. Desde los inicios de Santi hasta el momento más crítico de su carrera deportiva que fue en Olavarria cuando la pasaron muy mal en el accidente con Mathias Nolesi.

Cuando cayó la bandera a cuadros la explosión fue gigantesca. Gritos, llantos y abrazos. Nadie de ellos podía expresar lo que estaban viviendo en ese instante. Quienes conocen el ambiente del TC saben que ganar una carrera no es nada fácil. Solo el sacrificio y la esperanza te pueden permitir soñar. Cosa que no garantiza que ese sueño se haga realidad.

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El triunfo de Mangoni alegró a propios y extraños. Todos ven el enorme esfuerzo que hace para poder llegar a cada carrera. Su estructura es chica, no tiene más de cuatro colaboradores y su taller está ubicado atrás de la oficina de su papá. Para juntar el dinero, previo a cada fecha de TC, realizan una peña. Su casilla es tan humilde que dice “no puedo hacer una nota ahí y que salga en televisión”. En San Luis ganó Santiago Mangoni y con el volvió a ganar la vieja escuela del TC. Los teceista están felices y por eso, más allá de la marca con la que simpatizan, ayer todos se alegraron porque el que ganó se llevó un premio para el sacrificio.  

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