La Otra Mirada: mirá cómo fue la mayor tragedia de la historia

Imágenes del horror. La Otra Mirada detalla la historia de la mayor tragedia del automovilismo, con 84 muertos oficiales. Mirá el video:

Las tres carreras más importantes del mundo son el GP de Mónaco, de F.1. las 500 Millas de Indianápolis, y las 24 Horas de Le Mans. La mítica competencia francesa se disputa en el circuito de La Sarthe y la extenuante prueba históricamente enfrentó el honor y el prestigio de marcas, pero fundamentalmente de la industria automotriz de diversos países.

En 1955, los alemanes y los ingleses se midieron en la clásica pista. Entre esa rivalidad, que aún contenía los resabios de la II Guerra Mundial, se mezclaban los italianos. Mercedes (con Juan Manuel Fangio y Stirling Moss), Jaguar (Mike Hawthorn e Ivor Bueb) y Ferrari buscaban la gloria.

En medio de esa disputa de honores en la lucha por la gloriosa supremacía por la velocidad, la tragedia sacudió cruentamente a la carrera, a Le Mans y a la historia del automovilismo.

Ante la mirada de 250.000 espectadores, Fangio y Hawthorn pugnaban por la vanguardia. A las 18 de aquella tarde del 11 de junio, la vuelta 32 pasaba a ser parte de la mítica competencia cuando lo peor se desató en un puñado de segundos.

 

El piloto británico, en plena lucha con Fangio, superó a su compatriota Lance Macklin, con un Austin Healey. Pero inmediatamente desaceleró y se tiró a la derecha para ser asistido por el equipo.

Sorprendido, Macklin se tiró a la izquierda, para eludir la imprevista maniobra. Detrás venían los dos Mercedes. El de Pierre Levegh, con una vuelta menos, y Fangio. El último acto reflejo de Levegh fue levantar la mano para advertir al argentino del peligro. Lanzados a máxima velocidad, el auto de Levegh chocó de atrás al Austin y se despegó del piso, chocó contra una protección y el auto se desarmó, impactando contra la tribuna atestada de público.

El motor por un lado y el chasis por otro desparramaron el terror entre la multitud. En la pista quedó el cuerpo del piloto. En medio de una escena dantesca de muerte, pavor y fuego, auxiliares intentaron apagar las llamas del auto de la peor manera. Aquellos Mercedes estaban construidos con Magnesio, material que, encendido, se reaviva aún más por el contacto con el agua.

El circuito de Le Mans disponía prácticamente de las mismas características de los años 30. No había calle de boxes, por lo que los autos se detenían al costado en plena recta, las tribunas carecían de protecciones, y las curvas no contaban con escapes. Cuando se diseño el trazado, los autos de competición estaban limitados a unos 100 km/h. Mientras que aquí, las velocidades superaban los 260 km/h. En medio de la tragedia, Fangio pasó a fondo, indemne entre semejante desconcierto

Los organizadores no interrumpieron la carrera. Hay varias versiones al respecto. Se estima que lo hicieron adrede para no colapsar los caminos, en caso del retiro abrupto del público, y así no entorpecer el tránsito de los vehículos sanitarios.

Oficialmente se informó la muerte de 84 personas, incluido el propio Levegh. Sin embargo, muchos sostienen que la cantidad de víctimas fatales superó el centenar y medio, contando los fallecidos en los hospitales.

¿Quién fue el culpable de semejante tragedia? Algunos creen que Hawthron se responsabilizó en el motorhome, en medio de una crisis, aunque al declarar ante la policía, en plena carrera, indicó: “Dejé tiempo suficiente a cualquier coche que fuera detrás de mí para darse cuenta de lo que iba a hacer”.

Lofty England, manager de Jaguar, cuestionó al infortunado Levegh, al indicar que a los 50 años, no estaba en condiciones de manejar semejante potencia.

Fangio, en cambio, tiempo después opinó: “Pienso que lo dispuso el destino. Yo nunca culpé a nadie”.

En la madrugada del 12 de junio, cuando Mercedes dominaba la competencia, llegó la orden desde Stuttgart. Había que abandonar la carrera, ya que uno de sus autos había protagonizado la tragedia. Pidieron a Jaguar que hiciera lo mismo. England, que había participado en la aviación en plena guerra contra los alemanes, respondió con un rotundo no.

 “Me pareció un gesto teatral vacío, que se parecía a aceptar cierta responsabilidad por lo que había sucedido. No servía de nada más que para entregar en bandeja de plata una muy prestigiosa victoria”, sentenció Stirling Moss.

Efectivamente, Hawthorn y Bueb se impusieron en las 24 Horas de Le Mans. Pese a que Jaguar no hizo publicidad por la victoria, los ganadores fueron criticados por las fotos que los mostraban con actos de celebración en el lugar.

Años más tarde, Hawthorn, campeón de F.1, lanzó su autobiografía eximiéndose de toda responsabilidad en el accidente. Macklin lo tomó como una acusación y le inició juicio por calumnias, que terminó sin consecuencias. Paradójicamente, murió en 1959 en un incidente vial a bordo de un Jaguar, al superar al Mercedes-Benz de Rob Walker

Tras el accidente, Mercedes se retiró del mundo de la competición por largo tiempo. Recién regresó en Le Mans en 1989. La seguridad avanzó: para los pilotos, con la integración del cinturón de seguridad y los cascos cubriendo toda la cabeza.  Las competencias automovilísticas se prohibieron hasta experimentar mejoras en los escenarios de Francia, España y Alemania, entre otros países, que reaccionaron rápidamente a la demanda. Suiza aún hoy mantiene la drástica decisión de no organizar carreras, con excepción de algunas disciplinas, como la Fórmula E.

Le Mans 1955 marcó un antes y un después para el automovilismo. La mayor tragedia del deporte motor enlutó a la actividad de la peor manera, con una imagen que aún perdura como la más terrible en el mundo de la velocidad.