Por una rifa llegó al automovilismo. Fue subcampeón de TC

Juan Manuel Landa le contó a Carburando parte de su historia en el automovilismo. Además explicó por qué le pusieron ese nombre

Juan Manuel Landa fue otro de los protagonistas importantes que tuvo el Turismo Carretera. El piloto de Mar del Plata corrió con dos marcas dentro del TC, Dodge y Chevrolet, y lo máximo que logró fue el subcampeonato del año 1992. Su llegada al deporte motor fue tan impensada como increíble. En dialogo con Carburando, el marplatense contó parte de su historia.

La rifa que ganó, pero no ganó, que lo llevó a correr y a formar la familia

“Al lado de mi casa había un señor que tenía una cafetera para correr en los zonales. Yo tenía 16 o 17 años y paso por la vereda del taller. Me llaman y me ofrecen una rifa. Compro el número 67 y a la noche me llaman para decirme que lo había ganado. Me dan la plata y yo feliz. Al otro día me vuelven a llamar para comentarme que se había equivocado y que yo no era el ganador. Les devuelvo el dinero y por el gesto me invitan para que vaya de acompañante en la próxima carrera que era en Lobería. Fui a la carrera y ahí conozco a Sonia que era la hija del piloto. Hoy es la madre de mis hijos. A partir de ese momento se me prende la lamparita para correr”.

La actividad zonal

“Arranqué corriendo en los zonales en una categoría que se llamaba TC del Sudeste hasta el año 1980 donde tuve la oportunidad de salir campeón. A partir de ahí me puse a pensar qué camino tomar y decidí ir por el Turismo Carretera”.

El debut en el TC

“Mi debut fue en una carrera de Mendoza en el año 82. Lo hice con una Dodge cuya mecánica era de Jorge Reymonte. Con el iniciamos el largo camino. Después estuve con Roberto Caparello y luego hice un parate por problemas económicos”.

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La vuelta con un equipo local

 “Después de un descanso volvimos en el 87 con un equipo totalmente marplatense con los hermanos Bozzone, con Carlos Aberasturi que se vino de Salto, a vivir Mar del Plata, y con Juan Carlos Papovich. La idea era no tener presiones, pasarla bien, no viajar tanto, y si era posible conseguir buenos resultados. Nos fue bien pese al enorme sacrificio que hicimos”.

El primer triunfo

“Fue sorpresivo y fantástico. Mi sueño era llegar al TC y cuando lo hice me dije estoy hecho. Pero no quedó ahí. Después adentro uno quiere ganar una carrera y eso llegó en Tandil. Fue por suma de tiempos. La primera parte la gané y en la segunda salí segundo. Fue una enorme satisfacción porque siempre decían que el que ganaba en Tandil se recibía de piloto. Por suerte lo pude lograr porque esa competencia la pensé mucho”.

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Los otros triunfos

“En Junín gané poniendo todo. Puse el corazón en esa carrera y mucho más en la última parte donde los candidatos eran varios. La quería ganar. En cambio en Morón la ganó el auto porque funcionaba fantástico. Además en esa carrera, por última vez, hizo podio Roberto Mouras. Para mí ese momento es inolvidable”.

El subcampeonato

“Ese torneo no se dio porque lo competí con grandes pilotos y con equipos de jerarquía. Estaban los ídolos del TC y no se dio por esas cosas de la vida y por un poco de mala suerte que tuve”.

Cambio de marca

“Cuando termina el año 92 la gente que estaba conmigo me propone cambiar de marca. Yo no estaba convencido pero lo hicimos por desafío. Creo que me equivoqué porque siempre estuve con Dodge  y me había encariñado con la marca. Pese a que cuando era joven era hincha de Chevrolet”.

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¿Por qué se llama Juan Manuel? 

“Me llamo Juan Manuel por Fangio. Mi viejo (Héctor) era fierrero y fue a ver una competencia en Mar del Plata. En esa oportunidad le dijo a mi mamá (Rosa), que estaba embarazada de mí, que si ganaba Fangio me ponía Juan Manuel. Ganó Fangio y me pusieron ese nombre”.

El acompañamiento del padre

“Mi papá era muy humilde pero logró comprarme mi primer auto. Fue un Chevrolet 400 y por eso me hice hincha de la marca. Siempre me apoyó dentro de sus posibilidades”.

Su paso por el deporte motor

“Al TC y al automovilismo le debo todo. Este deporte me enseñó a manejarme en la vida, a luchar, a organizarme, a saber como es el sacrificio, a aprender que todo llega con el tiempo y que no hay súper dios. Todos somos iguales. Por suerte fui un iluminado”.