Rossi vuelve a ser Rossi

Se lo nota “enojado” a Matías Rossi. Feroz para correr. Con hambre de gloria. Consciente de las chances perdidas en los últimos años. Sediento de títulos. Y lo deja ver. Enfocado abajo del auto, consistente al volante, rápido, agresivo en los mano a mano e implacable para ejecutar maniobras. En este comienzo de año, el piloto de Del Viso da espectáculo en las diferentes categorías en las que corre y muestra su esencia en su estado más puro. Un estilo que fue su marca registrada en sus inicios y que ahora aflora ante la necesidad de cortar la sequía de cinco años sin coronas.

No es un año más para Rossi. Desde el 2014 que no festeja a fin de año, desde que consiguió sus campeonatos del TC y Turismo Nacional. Y si bien el piloto sostuvo todo este tiempo que no lo desvelaba salir campeón, esta temporada pareciera haber cambiado esta postura al punto de convertirse en una obsesión. Concentrado como pocas veces, está encima de cada detalle. Pasa gran parte de su tiempo cerca de sus autos y sus ingenieros durante los fines de semana. Y es competitivo en las tres categorías en las que compite.

Se adaptó con gusto a los cambios del Súper TC2000. Fue veloz desde la puesta en pista del Toyota Corolla y se mostró tan fuerte como los imbatibles Renault. Se repuso a las contingencias de las dos primeras fechas y corrió desde atrás con fiereza. Dio espectáculo en las batallas con Mariano Werner, en Alta Gracia, y con José Manuel Urcera, General Roca. No les dio respiro con un auto superior en las persecuciones y resolvió con grandes maniobras ambos duelos.

En el Top Race, defendió con firmeza una posición que parecía perdida con el campeón Franco Girolami, después del reabastecimiento de combustible, en la segunda fecha, de Concordia. Aspero y al milímetro. Sin regalar nada, impuso las reglas de juego para no resignar puntos desde el inicio del campeonato.

Y este fin de semana, volvió a lucirse con otro gran sobrepaso frente al talentoso y experimentado Gabriel Ponce de León. Arriesgado y preciso. Volvió a tirarse con determinación. Sin dudar. Con el convencimiento que se precisa para esas maniobras que se definen como una estocada certera.

Los años y la experiencia convierten a los grandes pilotos en corredores más pensantes que sanguíneos. Aunque hoy a Rossi se lo ve correr con la actitud de sus comienzos. Aquel que irrumpió en la primera mitad de la década pasada a fuerza de velocidad y agresividad, para hacerse lugar entre los grandes del automovilismo.

Matías Rossi es el piloto en actividad con más títulos en el TC 2000 y Súper TC2000, con cuatro coronas. Pero a fin de 2019 se cumplirán seis años sin festejos. En el TC apenas conquistó un campeonato. Poco para las chances que tuvo y para su jerarquía de piloto, al tiempo que su archirrival Agustín Canapino engrosó su palmarés a tres títulos, en las dos últimas temporadas. Y aun no ostenta logros en el Top Race, categoría en la que transita su tercer certamen junto al Toyota Gazoo Racing y necesita cambiar su etapa de adaptación por la celebración con el “1” a fin de año.

Logró armonía en sus equipos después de ajustar detalles a sus exigencias. No deja relajar a su entorno y presiona con su compromiso. Maneja autos veloces. Y mantiene la guardia alta, a pesar de los traspiés de un comienzo de temporada con altibajos. Como cada año, Rossi es candidato en cada campeonato que disputa. Pero esta vez, sobresale con su estilo agresivo y efectivo. El de sus viejos tiempos. El que le gusta al público. Rossi vuelve a ser Rossi. 

 

Las mejores maniobras de Rossi en 2019