Traverso y su año dorado, en La Otra Mirada

Hoy se cumplen 25 años del título que logró Traverso en TC2000 con Peugeot; una semana después se consagraba en el TC con Chevrolet. Mirá el video

No tenía nada que demostrar. Allí estaba, en lo más alto. Pero los grandes siempre se reinventan. Trazan objetivos y los alcanzan con la simplicidad de los elegidos. Juan María Traverso repitió lo que ya conocía. Ser campeón de TC2000 y de Turismo Carretera. Pero esta vez, al mismo tiempo. Traverso y aquel año que fue amo y señor de todo.

Aquel 1995 había comenzado con el dolor de la caída del helicóptero que trascendió lo deportivo con las muertes de Silvio Oltra y del hijo del presidente de la Nación, Carlos Menem Jr. El vuelo iba a Rosario, para comenzar la temporada de TC2000 con ambos pilotos. El luctuoso incidente retrasó el inicio.

 


Allí se asomaba, como siempre, Juan María Traverso, candidato a la corona. Esta vez tenía una compleja misión: armar una estructura propia, con una nueva marca, Peugeot, y lejos de quien fue su gran aliado en la media docena de campeonatos ganados: el gran Oreste Berta.

Convenció a Sevel, por entonces a cargo de la marca francesa, para salir a pelear con el 405. Y la apuesta fue jugada, pero efectiva. Alberto Canapino a cargo de la responsabilidad técnica; Jorge Pedersoli, que por fuera de su viejo y querido Turismo Carretera, volcaba su ingenio y sabiduría a los tecnológicos motores 2.0 y 1.8 y se le animaba a la novedosa inyección electrónica. Y Alberto Scarazzini, el director deportivo de semejante Dream Team.

El equipo, consolidado, fue uno solo. Todos junto frente a todo. El pleno no sólo era para demostrar que en el competitivo TC2000 se podía frente a los grandes referentes. En el Turismo Carretera el equipo violeta causó una revolución en la popular categoría. Demostró que se podía ser muy grande, organizado y además, eficiente.

Las experiencias de 1994 se capitalizaron para volcarlas con la voracidad de un equipo conformado por ganadores. Y Traverso ganó todo. El Peugeot 405 blanco apabulló en Posadas, Rosario, Mendoza, Santa Rosa, Rosario, General Roca, Trelew y Paraná. Dejó atrás a los Renault 19 de Berta.

Y en el Turismo Carretera lidió contra los 15 kilos de lastre por victoria y varios cambios reglamentarios durante la temporada. Así y todo, ganó en Río Cuarto, Las 2 Horas de Buenos Aires, las 200 Millas de Rafaela (con Miguél Ángel Guerra como piloto invitado), Nueve de Julio y el Coronación en Buenos Aires. Ffue contundente frente al esfuerzo encomiable de Luis “Patita” Minervino. El Chevrolet superpoderoso violeta frente a la Chevy que representaba a la tradición del viejo TC.

Aquel 1995 fue a pedir de Traverso, que con las 13 victorias se llevó los dos títulos más anhelados del ámbito nacional. Para muchos, era el dueño del Olimpia de Oro. Acostumbrado a los éxitos, presenció la ceremonia con la certeza de llevarse la codiciada estatuilla. Pero sufrió una dolorosa experiencia al escuchar que el premio quedaba en mano de la patinadora Nora Vega, medallista dorada en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata.

“¿Quién carajo conoce a Nora Vega? No la conoce nadie. Me cagaron. Por eso nunca más volví a una ceremonia de los Olimpia”, dijo fiel a su estilo el Flaco.

Cigarrillo en mano, polémico, ganador. Juan María Traverso en su máxima expresión aquél 1995, cuando fue amo y señor del automovilismo nacional. Una temporada dorada para el N° 1.