Torino, orgullo argentino en La Otra Mirada

Presentado como "el auto argentino", Torino fue orgullo de la industria automotriz. Y sedujo con su paso por el automovilismo, y en la Misión Argentina,

Orgullo de la industria nacional, irrumpió en el gusto popular, se destacó por su estirpe de distinción y marcó el rumbo en el ámbito deportivo. Toro embravecido, motorizó la Misión nacional y asombró en su presentación deportiva. El auto argentino respetado por todos. El Torino.

Se ganó el respeto de todos. En las calles y en las pistas. En definitiva, el vehículo, más allá de marcas y gustos, era el máximo representante de la actividad automotriz en el país. El Torino nació bajo un proyecto argentino, con la idea de combinar la solvencia de los autos norteamericanos con un estilo europeo.

A principios de la década de los años 60, Industrias Kaiser Argentina (IKA) acordó con American Motors Corporation (AMC) fabricar vehículos en el país. Surgieron, por ejemplo, el Rambler Classic y el Ambassador, típicos modelos americanos.

Pese al éxito de los modelos, se buscaba un producto que compitiera directamente contra el Ford Falcon y el Chevrolet Súper. Se descartaron proyectos que derivaban directamente de autos norteamericanos. Allí apareció el más grande de todos. Juan Manuel Fangio aportó sus conocimientos y relaciones para contactar al diseñador italiano Battista Farina, más conocido como Pininfarina, para otorgar el toque europeo a la gran apuesta de IKA.

Leer además: La Otra Mirada: Chevy, la historia de la gran tentación

Pocos cambios, pero toques distintivos para la gran transformación. Otros paragolpes, se instalaron las luces de giro en la carrocería, se modificaron los faros cuadrados por los redondos con uñas, se eliminaron las molduras laterales de acero inoxidable y se achicaron los taparruedas que sólo cubrían las tuercas para eliminar el estilo americano y asemejarlo al europeo.

En el interior también se modificó. La plancha de madera y los relojes bien europeos le ofrecieron al Torino un toque de distinción europea. Quizá el único elemento yanqui fue la palanca del freno de mano, que la igual que el Falcon, se ubicaba debajo del tablero.

¿Y el motor? Se pretendía al impulsor Tornado de seis cilindros producido por American Motors y con una cilindrada que variaba entre los 3.000 y los 3.800 cm³. Pero fue reelaborada por los ingenieros de IKA Renault con la dirección técnica de Oreste Berta. 

Leer además: La Otra Mirada: Falcon, el clásico argentino

Finalmente, el 30 de noviembre de 1966, en el autódromo de Buenos Aires se presentó el Torino, "el auto argentino", tal como se dio a conocer. La figura de Fangio le aportó un valor deportivo y de calidad al nuevo vehículo.

Se presentó un emblema con un toro sosteniéndose en sus patas traseras, inspirado en el escudo heráldico de la localidad italiana Turín. Pero también tendría la finalidad de fusionar el reconocido cavallino rampante de Ferrari con el toro bravo de Lamborghini, como una muestra del espíritu deportivo que pretendía inspirar el vehículo.

Si bien comenzó a comercializarse en 1967, se lanzó con tres versiones: las cupés 380 y 380W, y el sedán 300. El más poderoso, el 380W, competía directamente con modelos importados, y ofrecía prestaciones envidiables: alcanzaba los 199 km/h y aceleraba de 0 a 100 km/h en 10,3 segundos.

A lo largo de la historia el Torino experimentó varios cambios, tanto estéticos como de motorización. Hasta la empresa pasó de ser IKA, a IKA Renault, para finalmente ser Renault Argentina. Pero quizá el más significativo, en el Torino, fue en 1973, con el paso del impulsor de cuatro bancadas a siete. Y los Torino tres Weber alcanzó los 205 caballos, esto permitió que la cupé GS fuera el primer auto nacional en pasar la barrera de los 200 Km/h.

Pese a las bondades del auto argentino, las ventas no alcanzaron las expectativas empresariales frente a sus competidores, como el Falcon y el Chevrolet Súper Sport. Para ello, el automovilismo podía ofrecer un empujón importante y así potenciar la fuerza y solidez del gran Torino.

El debut en el Turismo Carretera fue estruendoso. Se presentó y ganó. Fue en San Pedro, el 26 de febrero de 1967, cuando el equipo comandado técnicamente por dos genios, Oreste Berta y Heriberto Pronello, sacudieron al popular TC.

Inmediatamente, el público relacionó a esos tres autos con un apodo sindical, al denominar CGT a los Torinos conducidos por Copello, Gradassi y Ternengo. Esa bautismo triunfal fue para el gran Pirín Gradassi.

Entre 1967 y 1971 el dominio de los Torino fue abrumador. La racha se interrumpió solo con el título logrado por Carlos Pairetti y su Trueno Naranja, en 1968. Copello, Perkins y Di Palma se llevaron los galardones, con esos Torino modificados y que el ingenio popular también les puso nombre, a las recordadas Liebres.

Pero si hubo un episodio que metió al Torino en el corazón de los argentinos, fue la legendaria Misión Argentina que compitió en Alemania, en 1969. Fue la selección nacional del automovilismo, con los mejores directores técnicos, de la mano de Juan Manuel Fangio y el mismo Berta, y los pilotos de entonces. Allí, en las 84 Horas de Nurburgring, el Torino asombró al mundo al medirse de igual a igual con los máximos exponentes de la época, como los Ford, Lancia y Porsche, entre otros.

Uno de los tres completó la Maratón de la Ruta. Ganó su categoría y fue cuarto en la clasificación general. Pero una sanción le quitó el logro, pero el equipo nacional demostró estar en lo más alto del automovilismo mundial. 

El regreso de la delegación al país fue multitudinario e inolvidable. Y entre las figuras, el Torino llegó como un objeto de adoración. Más allá de las marcas, se convirtió en un vehículo de pertenencia nacional. Y a partir de allí, las ventas acompañaron ese nuevo posicionamiento.

El Torino vivió durante 15 años. En ese lapso, salieron desde la planta de Santa Isabel, en Córdoba, 99.792 vehículos. De los toros, las versiones menos producidas fueron el GS, con 600, y el 380W, con 1241 unidades. Es por ello que hoy son los más deseados por coleccionistas.

Orgullo nacional, pasó a ser emblema de la industria automotriz local. Torino, el auto de la bandera argentina.